miércoles, noviembre 03, 2010

Recordando a un estadista



Hoy el post lo hace Néstor.

La vida y la historia a uno lo pone siempre ante instancias que nunca creyó que las podía volver a revivir. Y como ustedes, que me acompañan hoy acá, con Cristina, con lágrimas en mano, cuando salimos del Congreso de la Nación y volvimos a ver gente esperanzada en la calle, me hizo recordar también que hace 30 años yo también estuve en la Plaza acompañando a un Gobierno constitucional, en el cual puse toda mi esperanza. (Ceremonia de juramento del gabinete en 2003)

Querido pueblo argentino: en este acto, que en los términos del artículo 93 de la Constitución de la Nación tiene por finalidad la toma de posesión del cargo de Presidente de la Nación Argentina para el que he sido electo, creo que es necesario poder compartir con ustedes algunas reflexiones expresando los objetivos de Gobierno y los ejes directrices de gestión para que el conjunto de la sociedad argentina sepa hacia donde vamos y cada uno pueda, a su vez, aportar su colaboración para la obtención de los fines que los argentinos deberemos imponernos por encima de cualquier divisa partidaria.

Es que nos planteamos construir prácticas colectivas de cooperación que superen los discursos individuales de oposición. En los países civilizados con democracias de fuerte intensidad, los adversarios discuten y disienten cooperando. Por eso los convocamos a inventar el futuro. (Fragmento tomado del discurso ante la Asamblea legislativa, 2003)

Venimos de una gran debacle moral, de valores, de fuerte impunidad en todas las áreas y no se cambia esto con una simple renovación del Gobierno; no se cambia si la gente no participa activamente para que esto termine, si se queda meramente en demandante, como bien se decía aquí.

Yo voy a seguir repitiendo hasta el cansancio que acá lo que ha pasado y lo que puede suceder en estas horas y en forma permanente, es fruto de un sistema de funcionamiento en el cual se ha asentado y funcionado realmente durante mucho tiempo la estructura institucional argentina. En consecuencia, hay dos caminos: uno, convertirnos meramente en sólo demandantes, queremos que esto se arregle, en actitud individual y acordarse de los problemas de vez en cuando; y el otro es el que realmente hay que seguir y con el que les puedo asegurar que estamos abriendo todas las puertas del Estado. Porque el Estado somos todos los argentinos, no una simple burocracia política a la que le toca por un determinado tiempo ejercer el poder político de la Nación. Por lo tanto, hay que entrar a participar activamente, porque si no de un lado demandan los que sufren las injusticias y las inclemencias de un Estado que no funciona y del otro lado están los que siguen viviendo del Estado.

A mí me toca ser presidente en este tiempo de la historia por esas circunstancias de la sociedad, de la gente y de esta gran crisis que vive el país. Vengo de un lugar muy lejano, pero les puedo asegurar que donde uno toca, salta pus, en la mayoría de los lados, arriba, abajo y en el medio. El de arriba se lleva todo lo que puede y alguno que está más abajo, como ve que el de arriba se lleva todo lo que puede, también se lleva lo que está a su alcance.

Ese es el Estado argentino que tenemos que reestructurar, que cambiar. Esto se va extendiendo a las distintas áreas, y molesta a veces cuando se dice, pero no se va a cambiar de un día para otro si no se participa activamente. Es imposible hacerlo. Yo les puedo asegurar que nosotros vamos a seguir generando lo que debemos porque ésta es la casa de todos los argentinos y la impunidad que existe en muchos espacios de la vida institucional argentina, también, obviamente, refleja el mecanismo de las situaciones que les ha tocado vivir a cada uno de ustedes.

La Argentina actúa corporativamente: cuando uno de una institución mata, hay que darle cobertura porque es de esa institución; cuando el verdadero honor de los argentinos estaría en que si hay un mal policía e hizo lo que no debía hacer, la propia institución lo tendría que denunciar definitivamente para que la gente vuelva a creer en las instituciones. Esto es fundamental para terminar con la impunidad.

Les puedo asegurar que nosotros tenemos la obligación política y moral de purificar todas las fuerzas policiales del país. Lo dije el otro día y hay que hacerlo. El que está en duda, que se vaya a su casa, porque si no tendremos hechos lamentables permanentemente. Pasa en la policía obviamente, pero también en la política se da la reacción corporativa porque es un correligionario o es esto o lo otro. Se terminó, al que sacó los pies del plato, de las instituciones, de la ley, debe caerle todo el peso de la ley.

Así los argentinos vamos a recuperar la confianza en las instituciones y a ver valores. No puede ser que en este país durante toda una década o más los jóvenes triunfantes, los dirigentes triunfantes eran los que más plata hacían de cualquier manera. No es malo que a alguien le vaya bien en vida, pero me entienden cuando les hablo de este tema. El que estudiaba, investigaba, trabajaba, ése no, ése era un iluso, un bobo y un estúpido. Tenemos que cambiar estos valores, pero los tenemos que cambiar fuertemente desde abajo.

Yo les puedo asegurar que no vine a quedarme permanentemente acá, pero siempre digo que las convicciones no las dejé afuera; estoy dispuesto a caminar junto a ustedes, tenemos que generar el punto de inflexión en este tiempo de la historia.

Les agradezco profundamente que ustedes estén hoy acá, en esta casa que debe ser la de todos los argentinos, que vaya a saber durante mucho tiempo cuántas cosas cobijó. Pero yo sé que si la entramos a llenar de gente decente, si el pueblo argentino vuelve a entrar a la Casa de Gobierno las cosas van a cambiar necesariamente. Y cuando se vea que no hay impunidad van a ir cambiando. Pero no van a cambiar de un día para otro y no cambian por el mero discurso, las tenemos que hacer cambiar, por eso les pido que nos ayudemos y que me ayuden.

Sé que ustedes tienen los objetivos en marcha, trabajemos juntos, avancemos, juntémonos a evaluar cuántas veces sean necesarias. Mi despacho está totalmente abierto, libre de cualquier protocolo tedioso y molesto, no tiene nada que ver con la realidad que hoy necesita nuestra Argentina, les puedo asegurar que como argentino y como Presidente voy a estar trabajando junto a ustedes. Y las cosas que tengamos que hacer, hagámoslas.

Acá se tiene que terminar la Argentina del acuerdo vacío, del negocio del pacto, para dar paso al funcionamiento institucional pleno donde todos estemos tranquilos y saber que entre todos los argentinos somos capaces de parir un nuevo país.

De modo que estoy a sus órdenes, gracias por estar acá, los vamos a acompañar en su lucha, que es nuestra lucha, sin ningún tipo de limitaciones. Donde veamos algo oscuro, vayamos por eso. Porque les puedo asegurar que yo sabía, y lo dije permanentemente durante años, qué Argentina nos tocaba vivir, pero cada vez me asombro más de las cosas que me toca ver.

Quedo humildemente a vuestras órdenes y espero que solidariamente podamos encontrar ese amanecer que estamos necesitando todos los argentinos.(Tomado del Lanzamiento del plan nacional anti impunidad)

La mejor forma de recordarlo es haciendo carne sus ideas.

Saludos
D.F.

Imagen: foroelrincon.com

9 respuestas:

Pablo L dijo...

Cuando pueda me tomo el tiempo de leer el post completo. Pero desde ya rescato esta frase que creo que es lo más importante con respecto a la muerte de Néstor:<span> <span>La mejor forma de recordarlo es haciendo carne sus ideas.</span></span>

rodrigo atanes dijo...

Groso! Nestor Not Dead-

Carlos Balmaceda dijo...

<p><span>Había una vez un país devastado, con la mitad de la población en la indigencia, la pobreza y la desocupación. </span>
</p><p><span>Un país con decenas de monedas, con toda su población desconfiada de la política, ignorante de la política, alejada de la política. </span>
</p><p><span>Había una vez un país sin convenios colectivos de trabajo, con jubilaciones privatizadas en el que las aseguradoras de fondos y pensiones se quedaban con los ahorros de los futuros jubilados y los jugaban en la Bolsa. </span>
</p><p><span>Un país en el que una embajada y una mutual fueron voladas por bandas locales e internacionales, sin riesgo y en absoluta impunidad. </span>
</p><p><span>Un país en el que el estado contrabandeaba armas y, al ser descubierto, volaba un arsenal completo o mandaba asesinar a quienes podían estar al tanto de los negociados.</span>
</p><p><span>Un país que vendió todo su patrimonio. </span>
</p><p><span>Un país sin control del estado, en el que la gente moría por ingerir vino, por masticar propoleo, por viajar en avión. </span>
</p><p><span>Un país con una corte suprema adicta al poder. </span>
</p><p><span>Un país en el que se aprobó una ley contra los trabajadores sobornando a los senadores.</span>
</p><p><span>Un país en el que se desguazaron las vías del ferrocarril. </span>
</p><p><span>Un país en el que se recortó el sueldo a los jubilados y empleados públicos. </span>
</p><p><span>Un país que entregó su soberanía bajo la doctrina de las relaciones carnales. </span>
</p><p><span>Un país en deuda eterna y externa con los organismos financieros internacionales. </span>
</p><p><span>Un país que negó el horror de una dictadura, aprobando leyes de olvido, obediencia debida y punto final. </span>
</p><p><span>Un país sin respeto por las minorías. </span>
</p><p><span>Un país sin leyes de salud reproductiva. </span>
</p><p><span>Un país sin protección de la niñez. </span>
</p><p><span>Un país sin presupuesto para la educación. </span>
</p><p><span>Un país que se llevó muertos en las represiones de diciembre de 2001, en los asesinatos políticos como los del Puente Pueyrredón, Cabezas, Teresa Rodríguez, Víctor Choque, y tantos otros. </span>
</p><p><span>Un país con jóvenes ignorantes de la historia, de la política y de las más elementales nociones de construcción ciudadana. </span>
</p><p><span>Un país sin noción de pertenencia latinoamericana. </span>
</p><p><span>Un país en el que los oligopolios de la comunicación ponían y sacaban gobiernos, influían en la población, determinaban la historia diaria. </span>
</p><p><span>Un país que perdía a miles de sus habitantes en el exilio. </span>
</p><p><span>Un país en el que el [...]

marta dijo...

Me encantó la reflexion de Carlos Balmaceda. Me intepretó. Gracias por haber expresado tan fluidamente el sentir y pensar de muchos. 

Alex-Piedo dijo...

Carlos Balmaceda,

(Mando de nuevo el comentario porque no salió)

Excelente tu comentario. Me lo llevo para mi blog (obviamente con mención de tu autoría)

julio dijo...

Se acuerdan cuando la falta de monedas fue una cuestion de estado ?

Hasta en eso, reclamaron, como no lo hicieron en años anteriores.

Yevgeny dijo...

Hoy Ernesto Laclau hace un análisis encarado similarmente, aunque menos sentido - como seguramente  "corresponde" a un intelectual de su envergadura-.

Latigo dijo...

Gracias Carlos, hacía falta.
Te lo robo, si me autorizás.

Latigo dijo...

Julio, acá fue un problema de estado hasta cambiar la hora de verano...gobernadores, cámaras empresarias, periodistas indignados...horas y horas hablando al dope, oponiéndose a cualquier cosa que viniera del gobierno...
Acá se lo escuchaba decir a Nelson Castro plantear el problema de la hora con la gravedad de un hombre que acaba de presenciar un golpe de estado o una masacre en la calle.
Estuve en Brasil y Uruguay hace unos días, cambiaron la hora, como siempre, solo fue una línea en el diario, para avisar.

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