viernes, julio 30, 2010

Una picante noche en la redacción de La Nación



Algún tiempo atrás habíamos encontrado la columna original escrita por Julio Blanck que luego fue modificada maliciosamente por Clarín. Hoy el cartonero amigo del barrio nos acercó otro manuscrito original de Carlos Reymundo Roberts que salió deformado en la edición de hoy del matutino que no defrauda.

El artículo original que llegó a nuestras manos y que pone al descubierto las prácticas vampíricas de algún directivo del diario, está titulado "Una picante noche en la redacción de La Nación" y dice así.

Se ha desencadenado una interna terrible. A cara de perro. Una de esas internas de las cuales, destruida toda pretensión de objetividad periodística, ya no es posible volver. ¿En el neoliberalismo? No. ¿En la agrupación "memoria completa"? Tampoco.

En La Nación. ¡¿En La Nación?! Sí, en la redacción situada en Bouchard 557. Entre los Saguier y los Mitre (me tiembla la mano al escribirlo, y ya me imagino la reacción: ellos yendo al Senado a quejarse por el ataque a la prensa libre por parte de este bloguero).

Todo empezó una noche de esta semana, después de beber sangre de vírgenes. Julio Saguier estaba en el baño de la redacción limpiandose los restos de sangre de su última víctima -un bebé de apenas 2 meses- para enfrentar a cara limpia las últimas horas del día. Cuando lo hace él, el trabajito lleva una hora y media o poco más ya que está grande el señor. Está a la vista que en ese rubro -el de beber sangre- no se anda con chiquitas. Pablo Sirvén estaba leyendo un libro reciente de Luis Majul de investigación periodística seria y profunda. A los cinco minutos, aburrido, lo tiró. Además ya había juntado fuerzas para comentarle a Julio las cifras de una encuesta sobre credibilidad que le había llevado la agencia de Souto esa tarde.

"¿Me escuchás, July?", balbuceó. "Sí", contestó él, que no podía hablar mucho por estar ingiriendo las últimas gotas de sangre del bebé frente al espejo conduciendo con mordida firme y succión profunda a sus colmillos en las arterias que quedaban sin pinchar.

Lo que siguió es previsible. El contó que los números mostraban un desgaste de toda la redacción -más en credibilidad que intención de compra, es cierto-, pero que él caía en credibilidad más rápido. "Las ventas bajaron un 20% y la credibilidad en 28%", dijo. Saguier intentó acotar algo, pero él, haciendo como que no lo había oido, siguió. "A este ritmo no estaría mal eso de que dejemos de publicar basura, ¿no?", arriesgó.

-¿Y cómo haríamos? -quiso saber él. La sangre del bebé seguía chorreando con la tarea aún inconclusa.

-Bueno, no lo decidamos nosotros. Que lo digan los usuarios de twitter.

-¿Qué twiteros? ¿Esos que te viven bardeando a vos y al bolas tristes de Majul [periodista del diario]? No, amorcito. Vamos a algo imparcial: Poligarquía por ejemplo.

-No, esos trabajan para nosotros.

-Bueno, los muchachos de Souto.

-No, trabajan para Magnetto esos.

-Y Magnetto trabaja coordinado con vos. ¡Qué vivo!

El contrapunto empezó a enturbiarse. De las diferencias por los números pasaron a la discusión por los hechos.

-Hace unos años -Julio levantó el tono de voz y empezó a secarse la sangre que todavía chorreaba en su boca, casi con rabia-, Escribano escribió que el gobierno no iba a durar ni un año y que ibamos a tener a uno de los nuestros gobernando, ¿no es cierto?

-Lo único que falta, Julio, es que le creas a Escribano.

-¿Sabés cuál es el problema? Que Magnetto, en Clarín, intentó lo mismo durante el conflicto con el campo, después de titular en TN "paro histórico".

-Tenés razón, lo leí y...

-Te pregunté si era cierto.

-Bueno, OK, fue más o menos así. Pero dejame que te explique. Vos conocés a la derecha: o mantengo viva esa llama golpista o me comen crudo (literalmente).

-Ah, entonces que me coman crudo a mí.

-No, vos sos el Presidente, y ya sabés: acá estoy yo para defenderte.

-Ah, sí, ¿y quién me defiende a mí de vos y de los boludos a sueldo que tengo en el diario?¿Eh?¿Te olvidás que hasta se enteraron los diarios de la extorsión que le hicimos al de YPF?

Horas después de que se publicara en los diarios aquella extorsión que tanto le molestó al presidente del diario, él se apresuró a decir en el diario que estaban atacando la libertad de prensa. Evidentemente, lo hizo para calmar a la opinión pública. Porque lo que hasta aquí no había trascendido era la pelea de alcoba en la calle Bouchard. La frase que mejor describe lo sucedido aquella noche es "depravación sin límites". En un clima inocultable de perversión se produjo el siguiente diálogo.

Saguier:-¿Querés que te recuerde, amorcito, todas las que me debés? Empecemos por una mamada.

Sirvén: -Gracias por recordármelo: eso se lo debemos a tu gran columnista de Política. ¿Cómo se llamaba aquel muchacho pelado que apareció en la cámara oculta? ¿Pagni? Le dije que no sea boludo y se cuide y mirá lo que hizo.

Saguier: -¿Lo que hizo? Lo que hizo fue pensar en un precio que sonara razonable para escribir esas notas: vos directamente querías triplicar el precio porque te habías gastado toda la guita en papusa y prostitutos.

De Pagni pasaron a Antonini Wilson (Julio dijo, exagerando, que afectó la imagen del gobierno, y él respondió que esa campaña sucia había salido muy cara y prefería gastar esa guita en cocaina ya que nadie le dió bola), a las escandalosas columnas de Cachanosky ("estoy harta, perdón, harto de que la pifie una y otra vez con sus pronósticos. Es peor que Carrió ese..."), a Morales Solá, a la pelea con los medios ("todo empezó con aquel berrinche que te agarraste por la cámara oculta a Pagni", acusó él), a la inflación (de la cual ambos responsabilizan al gobierno, encubriendo a los empresarios inescrupulosos que se apropian de la renta), a las boludeces que escribe Carlos Reymundo Roberts y, claro, a Majul. En ese punto, el cruce por momentos se tornó brutal. "Fue tu maniobra más torpe. ¡El peor error de tu carrera, y el que más me perjudicó!", gritó Saguier. "Puede ser -concedió él-. Pero cuando yo escribo mis columnas sobre los tuiteros todos saltaron como leche hervida y quería poner a escribir a alguien que irritara aún más a esos sucios oficialistas. Igual le pegué tanto al pobre Luis que a los dos días lo tuve de rodillas mamándomela."

En eso estaban cuando, ya muy tarde, sonó el teléfono. Era Mariano Grondona, para preguntar a qué ministerio o a qué funcionario le tocaba maltratar al día siguiente. Sirvén, que había atendido, le pasó el teléfono a Saguier, que no quiso contestar. "No tengo la lista", se excusó. El salió del apuro: "Grondi, agarrá temprano los diarios y al que diga algo a favor del gobierno , ¡pum! Un cortito de derecha".

Más allá del tenor de la instrucción a Grondona, el paréntesis sirvió para calmar los ánimos. Saguier, todavía con restos de sangre en la boca, se acostó y puso una porno. Sirvén, con un pantalón pijama a cuadros y una remera a rayas, sacó su célebre blackberry y empezó a twitear cosas.

Saguier hizo zapping, una macuca y apagó la televisión.

-Hasta mañana, mi amor -dijo. Mañana quiero que me traigas no uno sino dos bebés que hoy me quedé con hambre.

-Hasta mañana, Juli. Ah, olvidate lo de la fórmula para recuperar la credibilidad que te propuse. Si tanto te molesta, sigamos así que venimos bien. Decile a Carlos Reymundo Roberts que haga una de esas columnas pedorras onda las de Hanglin y la mandamos en la edición de mañana.

Saludos
D.F.

Imagen: azules.lacoctelera.net

7 respuestas:

Tomás dijo...

Jeje, es bueno este.

Ezequiel dijo...

Jajaja que imbecil este tipo Roberts! juro que lo googlee para saber si existia de verdad o si toda la columna y el autor eran humoristicas!

avallay dijo...

Igula la nota de La nación me gustó, cuantas en ese tono encontras en ese diario? Además en el fondo demuestra que están asustados

Anahi dijo...

El problema con los vampiros es que son eternos, y se reproducen con una mínima "mordida".
Slds.

Ale dijo...

Que jodida y sucia que es la política eh!

Matías dijo...

jajaja mortal, le ganaste a la Barcelona por afano

javier dijo...

hay que hacer un video de la caida subtitulado con esto.

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