martes, mayo 25, 2010

El agua y el fuego


Mariano Moreno no tenía tiempo. Cuando vio abrirse las puertas de la Historia, el 25 de mayo de 1810, tenía 31 años. Nueve meses y ocho días después su cadáver fue arrojado al mar. Sólo cumplió doscientos seis días como funcionario, y antes de terminar 1810 ya había salido de la Junta, víctima de los artilugios de Saavedra.

Mariano Moreno no tuvo, tampoco, ese cutis terso ni el rostro amable con que lo muestra, bajo la diagonal de luz de una lámpara, el cuadro del pintor chileno Subercaseaux; la viruela le marcó el rostro a los ocho años, y tenía los zarpazos de la enfermedad en sus facciones. Mariano Moreno se veía como lo vio el cuzqueño Juan de Dios Rivera, que pudo pintar un retrato en su presencia: abundante pelo cubriéndole la frente, frondosas patillas, nariz afilada, ojos vivos y grandes. Mariano Moreno no fue, gracias a Dios, un hombre equilibrado.

Dijo al respecto Enrique de Gandía: "Un psicoanalista diría que Moreno, cargado de temores, impresionable, nervioso, acudió al procedimiento de todos los enfermos en estos casos: la manera más radical. Si estas causas psicológicas existieron, ellas coincidieron con las necesidades políticas del momento". A lo que agregó Miguel Ángel Scenna en el número 35 de Todo es Historia, en una nota titulada "Moreno: ¿sí o no?": "Tal vez Moreno haya sido un neurótico, un angustiado, un desequilibrado, no un hombre corriente y centrado. Pero de un hombre corriente y centrado podrá hacerse un excelente juez de paz, un correcto oficinista, incluso un buen académico. Nunca un creador, difícilmente un conductor y jamás un revolucionario".

Las interpretaciones más disímiles se han volcado sobre la figura de Moreno: desde su entronización como prócer de la historia "liberal" en 1920, con la aparición de La Revolución de Mayo y Mariano Moreno, de Ricardo Levene, hasta el peor de los denuestos a cargo de Gustavo Martínez Zuviría, en 1960, al publicar Año X bajo el seudónimo de Hugo Wast. Martínez Zuviría lo acusa de haber sido agente británico, un paranoico empachado de teorías europeas.

Un asunto de enconos personales nunca expuestos ayudó a desdibujar el rol de Moreno anterior a los sucesos de Mayo. La Historia Argentina de Vicente Fidel López –que por motivos que se desconocen detestaba a Alzaga– se ocupó de señalar que la "asonada" del 1 de enero de 1809 había sido un movimiento "contrarrevolucionario". Su enfoque llegó a ser palabra sagrada en otros historiadores, como Levene. Todos desdeñaron entonces el punto de vista de Mitre, que fue el primero en señalar una relación de filiación entre 1809 y los sucesos de 1810. Con el tiempo, la verdadera significación de la revolución del 1 de enero fue estudiada por Enrique de Gandía y Enrique Williams Álzaga.

Recuerda Miguel Ángel Scenna que "después de las invasiones inglesas, y a medida que España se desmoronaba ante el embate francés, se perfilaron en Buenos Aires varios partidos, con vistas a la actitud que se debería asumir en caso de desaparecer el legítimo gobierno metropolitano". Bajo la cabeza de Liniers se ordenaron los filofranceses, acordes en aceptar la dinastía bonapartista que se instaló en lugar de los Borbones.

Hubo también otros partidarios de que Liniers quedara indefinidamente en el poder hasta que se aclarara la situación europea: ésa fue la posición de la mayoría de los jefes militares criollos, entre ellos Saavedra. Un grupo importante de criollos pensó que no podíamos esperar la suerte de España; había que declarar la independencia, llamar a la Infante Carlota Joaquina, hermana de Fernando VII y esposa del Rey de Portugal y establecer una monarquía constitucional; éstos eran los carlotistas: Belgrano, Castelli y Paso, entre otros. Y había un cuarto partido, que también proponía la independencia lisa y llana de España estableciendo en el Virreynato un gobierno de Juntas de corte republicano; se los llamó "juntistas", su líder era Martín de Álzaga y contó con Mariano Moreno, los hermanos Funes y muchos españoles.

El 21 de agosto de 1808 fue jurado el ausente Fernando VII en Buenos Aires, y al día siguiente el Cabildo emitió una proclama con tono amenazador: "No se escuchará –decía– entre nosotros otra voz que la del monarca que habéis jurado; no se reconocerán relaciones distintas de las que nos unen a su persona"; era una advertencia al Virrey Liniers y a los afrancesados. Según Vicente Sierra, el texto de la proclama había sido escrito por Mariano Moreno.

Fernando VII estaba preso en Francia, Napoleón completaba su ocupación de España, y debía derrocarse a Liniers para instalar una Junta. La asonada del 1 de enero fue sofocada por Saavedra, quien sostuvo al Virrey. "¿Quién fue entonces el revolucionario y quién el contrarrevolucionario?" –se pregunta Scenna–. Ernesto Palacio escribió: "Este oscuro episodio de la historia argentina suele interpretarse (desde la creación del mito por Vicente Fidel López) como un triunfo de los criollos sobre los peninsulares. La verdad es que fue el triunfo del conformismo y el espíritu conservador sobre la decisión revolucionaria. El impulso renovador no se encontraba en el partido de Liniers sino en el de Álzaga, Liniers y sus sostenedores representaban la timidez y la reacción".

La Representación de los Hacendados dio lugar a otro mito que la historia "liberal" le adjudicó a Moreno. A mediados del 1809 la firma inglesa Dillon y Thwaites pidió al Virrey Cisneros la libre introducción de sus mercancías. Lo que solicitaban no era nuevo: Inglaterra había condicionado su ayuda a España para pelear contra Napoleón al hecho de que se aceptara el librecambio en la península. Los hacendados y labradores acudieron al estudio jurídico de Moreno –el más prestigioso de Buenos Aires– para que elaborara su defensa. Moreno preparó el escrito con el tono de un abogado que defiende a su cliente, no como quien elabora un plan de gobierno.

Paul Groussac señaló que Moreno no tenía nada de economista, y Scenna agrega "que nunca pretendió serlo. Para elaborar su Representación debió documentarse y asesorarse en una materia a la que no estaba habituado. Precisamente otro abogado, Manuel Belgrano, tenía redactada una memoria propiciando la apertura del comercio exterior, y hay muy buenas razones para pensar que Moreno tomó gran parte de aquel trabajo".

Escribió Vicente Sierra: "Es un error de fondo asignar a la Representación de los Hacendados el carácter de pilar inicial del liberalismo económico argentino, pues ni política ni económicamente el documento permite asignarle tal posición. Las conclusiones del escrito bastan para confirmarlo”. Norberto Galasso recuerda que “en la misma Representación se recomienda fijar derechos aduaneros de 20 por ciento sobre los tejidos que pudieran competir con los tucuyos de Cochabamba".

Al convocarse el Cabildo Abierto del 22 de Mayo, los días del Virrey Cisneros estaban contados. Moreno asistió a la reunión aunque no intervino en las discusiones previas a la votación y se lo vio apartado, silencioso y hasta molesto. Darragueira, Echevarría, Rivadavia, Irigoyen votaron aquel día igual que Moreno: cese del Virrey y nombramiento de una Junta.

Al otro día el Cabildo efectuó el recuento de votos y nombró una junta presidida por el ex Virrey Cisneros y cuatro personas que representaban las tendencias presentes. Según José María Rosa: Saavedra en nombre de las fuerzas armadas y de los viejos linieristas, Castelli en nombre de los carlotistas y los abogados, el cura Sola representando al clero y José Santos Incháurregui en nombre de los alzaguistas y el comercio. El 24 a las cuatro de la tarde la Junta juró y fue puesta en funciones. Muchos historiadores la han considerado la verdadera Primera Junta de Gobierno, y lo fue, cronológicamente, aunque sólo se mantuviera un día en el poder.

Al enterarse de los nombres de la Junta, el regimiento de Patricios estuvo al borde de la insurrección, muchos particulares empezaron a manifestar su oposición frente al Cabildo y a las pocas horas Castelli y Saavedra presentaron sus renuncias junto a la de Cisneros.

Al día siguiente, el 25, se publicó y aclamó la nueva Junta, presidida por Saavedra. Miguel Ángel Scenna reconoce, en ese día, un hecho increíble: "Nadie ha podido decir hasta ahora quién o quiénes dieron los nombres para la Primera Junta, quiénes elaboraron la lista y repartieron los puestos. Indudablemente no fueron los interesados –afirma– que estaban en ayunas de lo que pasaba".

"Es curioso que los hechos de mayo de 1810, repetidos hasta el cansancio, estudiados minuciosamente por una legión de historiadores solventes, contengan aún tantos elementos misteriosos como ningún otro acontecimiento de nuestra historia, siendo en suma de muy difícil interpretación", escribió Scenna. Su referencia al desconcierto de los protagonistas es estrictamente cierta: Manuel Moreno recordó que su hermano llevaba horas de nombrado secretario, sin estar enterado del asunto. Lo mismo le pasó a Belgrano, que recuerda en sus Memorias. "Apareció una Junta, de la que yo era vocal, sin saber cómo ni por qué, en que no tuve poco sentimiento". Hasta el mismo Saavedra que se resistió para aceptar la presidencia por acabar de renunciar a la otra Junta y por temor a que se interpretara como un manejo ambicioso de su parte. Moreno protestó ante la Junta por su nombramiento compulsivo y, como abogado, quiso cerciorarse de la validez legal del mismo.

Moreno ocupó en la Primera Junta el cargo de Secretario de Gobierno y Guerra. Hay decenas de interpretaciones enfrentadas respecto a su brevísima obra de gobierno (recordemos que sólo estuvo en la función pública durante nueve meses). Antes de avanzar sobre cualquier contexto es imprescindible entender que se trató de una "junta revolucionaria", en la que cualquier error podía pagarse con la vida; si la Revolución fracasaba, los fusilados serían los miembros de la Junta: estaba todavía fresco el recuerdo de lo sucedido con Tupac Amaru y sus seguidores, y aún estaba fresca también la sangre derramada en el Alto Perú por Nieto y Sanz.

Vicente Sierra aclara que "el terrorismo fue una reacción de la que participaron todos los miembros de la Junta, porque ninguno quería 'morir a cordel' y, en caso de derrota, era lo que les reservaba el enemigo".

Domingo Matheu, miembro de la Junta, escribió: "el compromiso o la sentencia que entre los miembros de la junta se prestaron fue eliminar a todas las cabezas que se les opusieran; porque el secreto de ellas era cortarles la cabeza si vencían o caían en sus manos y que si no lo hubieran hecho así ya estarían debajo de tierra…".

Por eso Liniers fue fusilado. Cuando Ortiz de Ocampo titubeó antes de matar a quien fuera ídolo de los porteños, Moreno no dudó un segundo en relevarlo y mandar a Castelli diciéndole que si tampoco él lo hacía enviaría a Larrea y sino iría él personalmente. Aquella ejecución reunió al viejo amigo de Liniers, Saavedra, con su eterno adversario, Moreno, enemigos ambos entre sí, pero unidos por el espanto de Liniers levantándose para fusilarlos a los dos.

La pluma de Moreno reflejó aquellos meses: "Sólo el terror del suplicio puede servir de escarmiento", escribió. "No permita el cielo que algún día pueda ser reconvenido el nuevo gobierno por lentitudes capaces de comprometer la seguridad de su pueblo. Todo sacrificio es pequeño cuando ha de resultar en provecho de la Patria. Los opositores aprenderán a su costa que nadie ofende impunemente los derechos de la comunidad". Le escribió a Castelli: "La Junta aprueba el sistema de sangre y rigor que V.E. propone contra los enemigos. (…) Todo oficial que desaliente al soldado o manifieste cobardía será pasado por las armas irremisiblemente. (…) En la primera victoria que logre dejará que los soldados hagan estragos entre los vencidos para infundir terror a los enemigos…".
El decreto del 31 de julio de 1810, firmado por la Junta en pleno, ordenó:

1 - A todo individuo que se ausente de esta ciudad sin licencia del gobierno le serán confiscados sus bienes sin necesidad de otro proceso que la sola constancia de su salida.

2 - Todo patrón de buque que conduzca pasajeros sin licencia del gobierno irá a la cadena por cuatro años y el barco será confiscado.

3 - Toda persona a quien se encuentren armas del Rey, contra los bandos en que se ha ordenado su entrega, será castigada con todo género de penas, sin exceptuar el último suplicio según las circunstancias.

4 - Todo el que vierta especies contra europeos o contra patriotas, fomentando la división, será castigado con las penas que imponen las leyes contra la sedición.

5 - Todo aquel a quien se sorprendiese correspondencia con individuos de otros pueblos sembrando divisiones, desconfianzas o partidos contra el actual gobierno, será arcabuceado sin otro proceso que el esclarecimiento sumario del hecho”.

¿Fue Moreno nuestro primer periodista? No. Sin embargo, al día presente, el Día del Periodista se celebra bajo su advocación.

El decreto de fundación de La Gaceta, fechado el 2 de junio de 1810, llevó sólo la firma de Moreno, pero se desprende de su texto que fue discutido por toda la Junta. Cronológicamente, tampoco lo fue. El pionero fue el español Francisco Antonio Cabello y Mesa, que el 1 de abril de 1801 lanzó El Telégrafo Mercantil. Si se lo descartara por nacionalidad, aún hay dos criollos anteriores a Moreno: Juan Hipólito Vieytes, que el 1 de septiembre de 1802 publicó el Semanario de Agricultura, Industria y Comercio y Manuel Belgrano, que a principios de 1810 dirigió el Correo de Comercio de Buenos Aires.

Se pregunta Scenna, en el artículo citado: "¿Fue Moreno un paladín de la libertad de prensa?". La respuesta también es negativa: La Gaceta era el órgano oficial de un gobierno revolucionario, y no un periódico privado independiente. Bajo el título de La Libertad de Escribir, Moreno precisó lo siguiente: "Debe darse absoluta franquicia y libertad para hablar en todo asunto que no se oponga en modo alguno a las verdades santas de nuestra augusta religión y a las determinaciones del gobierno".

En su sordo litigio con Saavedra, Moreno cometió un primer error: dejar que enviaran al interior a Belgrano y Castelli, separándolos de la Junta. Ambos eran prestigiosos y lo apoyaban, y Moreno quedó aislado. Saavedra acentuó la debilidad de su rival incorporando a la Junta a los diputados del interior que iban llegando a la capital. "La incorporación no era según derecho –reconoció Saavedra– pero accedía por conveniencia pública". Con aquel argumento arrastró los votos de Azcuénaga, Alberti, Matheu y Larrea. Moreno quedó sólo, acompañado por Juan José Paso, y presentó la renuncia.

Señala Scenna que después de la polémica por el decreto de supresión de honores, la tensión entre Moreno y Saavedra había llegado a extremos máximos de desconfianza. Uno y otro temían ser asesinados por partidarios del enemigo. Saavedra dejó sentada por escrito la sospecha de que Moreno pensaba eliminarlo, y Manuel Moreno escribió de su hermano: "Ya he dicho que el doctor Moreno tuvo en esa época una influencia decidida sobre la Junta. Por consiguiente, los enemigos del sistema lo señalaban como la primera de las víctimas que debía ser inmolada a su venganza. No por esto el doctor Moreno dejó de manejarse con la sencillez que usó siempre. Todas las noches se retiraba del palacio de gobierno en horas bastante avanzadas, con riesgo de ser acometido por los descontentos… Instado varias veces por los comandantes de guardia para que llevara custodia hasta su casa, su respuesta fue siempre: "

En aquellos días la Junta estaba por enviar a Londres a Hipólito Vieytes, para gestionar la ayuda del gobierno británico. Moreno entrevistó a Saavedra y le pidió el cargo. No había terminado de hablar cuando ya lo tenía concedido. El 24 de enero de 1811 salió de Buenos Aires rumbo a Ensenada. El 25 llegó a la fragata mercante Fama, donde lo esperaban su hermano Manuel y Tomás Guido, que serían secretarios de su misión. Esperaron allí dos días por un fuerte vendaval que casi los lleva a naufragar. Para evitar un ataque de los realistas desde Montevideo, los escoltó la fragata Misletoe. Moreno, muy deprimido, comentó a su hermano: "No sé qué cosa funesta se me anuncia en mi viaje". La navegación era mucho más lenta que de costumbre, y la salud de Moreno fue empeorando con el correr de los días. Su hermano y Guido le pidieron al capitán que desviaran el rumbo hacia Río de Janeiro o Ciudad del Cabo para tratarlo, ya que no había médico a bordo. El capitán se negó. Al otro día, sin conocimiento de sus acompañantes, le administró a Moreno un emético que no hizo más que agravarlo a las pocas horas. Tres días más tarde murió.

Desde entonces se sospechó que la muerte fue producida por envenenamiento con tártaro emético. La lentitud de la navegación, el hecho de que el capitán nunca volviera a Buenos Aires aunque sí lo hizo el buque y la administración secreta del emético contribuyen ampliamente a esa sospecha.

Enrique de Gandía descubrió, en los papeles de la época, una extraña disposición de la Junta que, a poco de salir Moreno, nombró a un tal Mr. Curtis para reemplazarlo "en caso de que falleciera". Un caso único de nombramiento premonitorio. El artículo 11 del contrato firmado por la Junta con Curtis señala que: "Si el Sr. Mariano Moreno hubiese fallecido, o por algún accidente imprevisto no se hallare en Inglaterra, Mr. Curtis deberá entenderse con don Aniceto Padilla en los mismos términos en que lo habría hecho el Dr. Moreno", refiriéndose a la compra de equipamiento para el incipiente ejército argentino.

Años más tarde Mariano Moreno hijo comentó a Adolfo Saldías que al día siguiente de partir su padre, María Guadalupe Cuenca, su madre, recibió un pequeño cofre con un abanico negro y un pañuelo de luto, junto a una nota anónima que le advertía que pronto iba a tener que usarlos.

María Guadalupe Cuenca escribió durante meses cartas que se fueron apilando en algún lugar de Londres, sin que nadie las abriera. En 1967, recopiladas por Enrique Williams Álzaga, fueron publicadas bajo el título de Cartas que nunca llegaron.
"La casa me parece casi sin gente –escribió Guadalupe el 14 de marzo de 1811– no tengo gusto para nada de considerar que estés enfermo o triste sin tener a tu mujer y tu hijo que te consuelen y participen de tus disgustos."

El 20 de abril: "Y así, mi querido Moreno, porque Saavedra y los picaros como él son los que se aprovechan y no por la patria, pues lo que vos y los demás patriotas trabajaron ya está perdido…".

El 1 de mayo: "¿Has visto Moreno hasta dónde llega el rencor de estos malvados?".

El 25: "No se cansan tus enemigos de sembrar odio contra vos ni la gata flaca de la Saturnina (Saavedra) de hablar contra vos en los estrados y echarte la culpa de todo…".

"Mi querido y estimado dueño de mi corazón –le escribió María Guadalupe en una de las cartas que nunca llegaron– me alegraré que lo pases bien y que al recibo de ésta estés ya en tu gran casa con comodidad y que Dios te dé acierto en tus empresas; tu hijo y toda tu familia queda bueno, pero yo con muchas fluctuaciones y el dolor en las costillas que no se me quita y cada vez va a más; estoy en cura, me asiste Argerich, se me aumentan mis males al verme sin vos y de pensar morirme sin verte y sin tu amable compañía, todo me fastidia, todo me entristece, las bromas de Micaela me enternecen porque tengo el corazón más pa’llorar que pa’reir y así, mi querido Moreno, si no te perjudicas procura venirte lo más pronto o háceme llevar porque sin vos no puedo vivir… O quizás ya habrás encontrado alguna inglesa que ocupe mi lugar? No haga eso, Moreno, cuando te tiente alguna inglesa acordate que tenes una mujer fiel a quien ofendes después de Dios… El cuarto está sin alquilar hace un mes, la negra grande está hecha un monstruo con ese empeine en la cara, no hay quien la compre, voy a ver si me la puedo volver, me dicen que es lepra, la negra chica siempre perversa, no la vendo todavía por miedo a que me toque otra peor, nuestro hijo sigue en la escuela, siempre flaquito, le ha dado en cara el vino y sólo cuando le digo que tome a tu salud lo toma. Te reza al levantarse y al acostarse y me dice mi madre, todo lo que rezo en la escuela lo ofrezco para mi padre…

Escribió en otra: "Tu madre y las muchachas me acompañan mucho, Micaela y la Marcela no quieren que esté triste ni llore, Micaela se viene junto a mí y me empieza a embromar, y busca medios para distraerme, de suerte que muchas veces me desahogo las noches en mi cama porque hasta ahora no se pasa una sin soñar con vos; algunas me despierta Micaela de las pesadillas que me dan, lo que apago la vela y miro por todos lados y no te encuentro me parece que estoy desterrada (…) El cuarto se lo alquilé a un inglés para almacén y había sido ladrón, lo prendieron a los ocho días, y me han venido a tomar declaración… yo me veo en esta cosa que ni había soñado…".

Le decía el 29 de julio de 1811: “Mi amado Moreno, dueño de mi corazón: me alegraré que estés bueno, gordo, buen mozo y divertido, pero no con ninguna mujer, porque entonces ya no tendré yo el lugar que debo tener en tu corazón por tantos motivos… me parece que llevo con ésta escritas trece o catorce cartas… en todas te aviso novedades… a Larrea le han embargado todos sus bienes, con que debía de derechos ciento y tantos mil pesos, han hecho mil picardías, han querido que Campana sea depositario de todo, han llegado a tal extremo que han mandado orden a los pueblos de arriba para que los apoderados de Larrea entreguen a las cajas todo cuanto pertenezca a Larrea, y el pobre sigue desterrado en San Juan…"

"De tus amigos el que está libre está por caer, todo el empeño de estos hombres es sacarte reo, las prisiones del 6 de abril fueron con ese fin, todas las declaraciones que han tomado han sido para eso… he enterrado los treinta y ocho pesos que he recibido de tres meses que hace que está alquilado el cuarto, los sesenta que me pagó Giménez, doce de las sillas de paja viejas, otros doce y lo demás que he ahorrado de mi mesada…"

"Mi madre y Panchita te mandan memorias y me lloran mil pobrezas, que les han rematado la casa y es tal la pobreza en que están que ni cama en qué dormir tienen, por todos lados tengo aflicciones, Dios me dé paciencia."

Las cartas se apilaron en Londres. El tiempo de Mariano Moreno se terminó sin que llegara a leerlas.

Tomado de Argentinos Tomo I, pag 143.

Saludos
D.F.

Imagen: http://www.chegaucha.com.ar/

2 respuestas:

Guille Di Baja dijo...

Feliz  bicentenario  diego,te  queremos.

el canilla dijo...

Siempre es útil la perspectiva histórica no ? En 1810, para entender la violencia y el autoritarismo a veces de la Revolución de Mayo hay que recordar que sólo habian pasado 21 años de la Revolución Francesa. Todos hoy podemos tener presente la memoria de nuestro 1989 . Veremos como nos tratan los textos de historia dentro de setenta u ochenta años.

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