jueves, febrero 18, 2010

De inseguridad, ovejas, mano dura y oligopolios



Hace casi 500 años, en 1516, Tomás Moro publicaba un libro cuyo título luego se convertiría en una palabra que soñadores, luchadores e idealistas de todo el planeta utilizarían para describir el fin a alcanzar: Utopía. Es llamativo que muchas cuestiones que planteaba el autor en aquellos años sigan siendo debates no saldados en nuestras sociedades. En este caso rescato un pasaje del libro en donde se narra un diálogo entre uno de los personajes, un Cardenal cercano al Rey y un abogado inglés que estaba orgulloso de la política de salir a colgar a los ladrones. Lo traigo a colación porque está relacionado con la problemática de la inseguridad, enfocando en sus causas. Y si reemplazamos "ovejas" por "soja" veremos grandes similitudes con lo que pasa aquí y ahora en temas que son de suma actualidad.

Aqui va:

El Rey tenía una gran confianza en su juicio y en la época de mi visita, el país entero parecía depender de él. Pues desde su juventud había estado dedicado al servicio de su país, enfrentando muchas crisis. Fue trasladado de la escuela para ir a la corte no siendo más que un chico, y adquirió su sabiduría de la manera más difícil: a través de grandes peligros. Y lo que se aprende así no es fácil de olvidar. Fue casualidad que estaba yo cenando con el Cardenal justo cuando cierto abogado inglés estaba allí. No recuerdo bien cómo salió el tema, pero hablaba con gran entusiasmo acerca de las medidas tomadas contra los ladrones.

"Los estamos colgando por todo el lugar, y de a veinte", dijo, y continuó, "eso es lo que encuentro tan raro, porque considerando que pocos de ellos pueden escapar, ¿por qué siguen siendo tantos?". ¿Qué tiene eso de raro?, pregunté, y sintiéndome libre de exponer mis pensamientos delante del Cardenal, dije que este modo de tratar a los ladrones es perjuidicial para todos y también lo es para la justicia, que como castigo es demasiado severo y como impedimento es inefectivo. Pues el robo no es un delito tan grave que haya que castigarlo con la muerte; ni hay castigo tan terrible sobre la tierra que pueda evitar que la gente robe si no tiene ninguna clase de subsistencia. Y esto concierne tanto a los ingleses como a cualquier otra nación; y me recuerda a esos maestros incompetentes que prefieren pegar a sus alumnos a enseñarles. En lugar de aplicarles tan terribles castigos, sería mucho mejor proveerles medios para que puedan vivir y así nadie tendría la necesidad de hacerse primero ladrón y después cadáver.

"Ya se ha previsto este aspecto", dijo el abogado, "y hay muchas cosas que pueden hacerse. Siempre puede trabajarse la tierra, por ejemplo. Ellos podrían trabajar de manera honrada si quisieran, pero, deliberadamente, eligen ser criminales".

No puede usted escaparse así tan fácilmente, le dije. Ignoremos, por el bien del argumento, el caso del soldado lisiado en una guerra, que ha luchado al servicio de su Rey y País, tanto en casa como en el extranjero, quizás en el campo de Blackheath o en las guerras con Francia no mucho tiempo atrás. Cuando regresa a casa, se siente incapacitado de realizar su antigua labor y muy viejo para aprender una nueva, pero como dije, olvidemos este caso. Consideremos los hechos que ocurren día a día. Primero, están los numerosísimos caballeros que viven como zánganos del trabajo de los demás, en otras palabras, de sus inquilinos, a los que desangran. Esa es su idea de una economía práctica. Estos caballeros están arruinados por su extravagancia pero, no contentos con vivir ociosamente ellos mismos, tienen a su alrededor un rebaño de sirvientes haraganes que nunca aprendieron un oficio con el que ganarse la vida. Entonces, cuando su señor muere o cuando ellos se enfereman, son expulsados de la casa; pues los caballeros prefieren tener empleados ociosos que enfermos. Y ¿cuál es la alternativa para esta gente, cuando han vagado y sus ropas están ya rasgadas, y además su salud se ha perjudicado? En este estado nadie condescenderá a darle trabajo y ningún granjero puede arriesgarse a eso. ¿Para qué empleador será menos preferible ayudar piadosamente a un hombre humilde dándole una pala y un pico para trabajar a cambio de un mínimo salario y una dieta apenas adecuada, que a un hombre saturado por el ocio y la lujuria, acostumbrado a pavonearse en uniformes militares y mirar despreciativamente a todos los otros?

"Pero esa es exactamente la clase de gente que necesitamos", manifestó el abogado, "en tiempos de guerra esos son los hombres con más valor y entusiasmo, tienen más espíritu y respeto por ellos mismos que ningún hombre de negocios o granjero".

Deberías también decir, le respondí, que por causa de las guerras también se crían ladrones. Bueno, seguramente por eso nunca las naciones se quedarán cortas de ladrones. Y por supuesto, es perfectamente cierto que los ladrones son muy eficientes en las guerras, y los soldados devienen ladrones emprendedores. Las dos profesiones tienen bastante en común. Como sea, este problema no está confinado a Inglaterra sino que es compartido con muchas otras naciones(...) Pero esta no es la única razón que lleva a la gente a robar. Hay otros factores que, creo, son propios de ustedes, los ingleses.

"¿Cuáles son?", preguntó el Cardenal.

Las ovejas, contesté. Esas criaturas que solían ser tan pacíficas y mansas y que comían poco, según escuché, se han convertido en grandes devoradoras que comen a los mismos hombres. Consumen, destruyen y devoran campos enteros, casas y ciudades; Nobles y caballeros, no contentos con los beneficios que sus tierras solían proporcionar a sus antepasados, no dejan ninguna tierra para la labranza, todo lo destinan a pastos, derriban casas, asolan ciudades y no dejan nada en pié, salvo la iglesia, para convertirla en corral de ovejas.

Y como si ya no perdieran una buena cantidad de suelos en bosques, cotos y parques, convierten todas las plazas habitables en desolación. Por eso, para que un ávido en insaciable glotón pueda cercar y vallar miles de acres de terreno, se expulsa a los campesinos con fraudes o se los despide con violenta opresión. Entones se ven obligados a vender todo, a irse como almas pobres y desgraciadas. Hombres, mujeres, maridos, esposas, hijos sin padres, viudas, madres desconsoladas; se ven obligados a dejar sus casas sin tener un lugar a donde ir. Deben vender sus pocos bienes por casi nada y cuando han vagado de un lado a otro hasta gastar todo, ¿qué otra cosa pueden hacer más que robar y dejarse ahorcar? Y aún son arrojados a la prisión por vagabundear y no trabajar. Claro que nadie les proporciona trabajo, por muchos que ellos lo quieran.

Pues donde no hay tierra cultivable no hay trabajo para el labrador. Y un solo pastor, en general, basta para cuidar el ganado en un terreno que, dedicado a la agricultura, precisaría muchos trabajadores. Este es también el motivo por el cual el cereal es más caro en muchos lugares. También el precio de la lana ha subido tanto que la gente que solía elaborarla ahora no la puede comprar. Así el trabajo es abandonado y aparece el ocio. Y luego de vallar tanto terreno para las ovejas, un gran número murió por la epidemia. Esta tragedia debería haber caido más justamente como castigo sobre las cabezas de los mismos propietarios.

Y no importa con qué rapidez aumente la cantidad de ovejas, los precios no bajan en el mercado de lanas, el que si no es estrictamente un monopolio, porque eso implica un sólo vendedor, es al menos un oligopolio. Porque casi todo está en manos de unos pocos hombres ricos que no necesitan vender a menos que les resulte muy conveniente, y que nunca lo consideran así si no pueden establecer el precio que se les ocurra. Lo mismo sucedió con los precios de las otras especies de ganado, especialmente cuando, después del colapso de las granjas y la general declinación de la agricultura, comenzaron a escasear quienes se ocupaban de la cría de reservas jóvenes. Porque los ricos de los que hablamos no se dedican ellos mismos a la cría de ganado. Ellos meramente compran en el extranjero especimenes muy baratos, y una vez que los engordan los revenden sumamente caros. Creo que el perjuicio de todo esto no se ha hecho sentir todavía debido a que sólo han inflado los precios en los lugares en donde venden, pero si continúan transfiriendo animales de otras zonas más rápidamente que lo que pueden criarse y reemplazarse, las reservas en las áreas de compra irán gradualmente mermando, hasta que eventualmente se producirá una aguda crisis.

Así, la codicia de unos pocos ha llevado al desastre aquello que constituia la principal fortuna de Inglaterra. Esta crisis económica ocasiona que los empleadores despidan a muchos de sus sirvientes, los que inevitablemente terminan siendo mendigos o ladrones. Para empeorar las cosas, a esta terrible pobreza se agregan desenfreno, lujos, y desórdenes excesivos. Sirvientes, comerciantes y trabajadores del campo, todas las clases de la sociedad, usan extravagantes vestidos y se deleitan excesivamente con manjares en sus mesas. Pensemos además en aquellos que se pasan los días en las tabernas y burdeles, y en los juegos desmoralizantes e indecentes a los que la gente se entrega, como dados, cartas, tenis bolos y tejos, ¿qué son más que formas de perder el dinero y mandar a las personas directo a robar?

Hay que proscribir esas prácticas perniciosas. Hay que establecer una ley que obligue a aquellos que han acabdo con las granjas a reconstruirlas, o bien que entreguen sus posesiones a quienes se tomen la molestia de edificarlas de nuevo. Hay que evitar que los ricos compren todo y controlen el mercado como les plazca, produciendo así monopolios. Hay que reducir el número de ociosos y revivir la agricultura y la industria textil para que haya mucho más trabajo honesto para los desempleados, para los que la pobreza ya ha obligado a ser ladrones o son todavía sirvientes haraganes que se volverán ladrones. Hasta que no se arreglen estas cuestiones no corresponde inflingir castigo alguno a los ladrones, porque esta juticia es más bella en apariencia que verdaderamente justa o provechosa. La situación actual arrastra a esa gente al peor mundo posible y los corrompe sistemáticamente desde su juventud. En otras palabras: ¡ustedes crean ladrones y entonces los castigan por robar!

Tomás Moro, Utopía.

Saludos
D.F.

PD: El libro lo pueden leer haciendo click aquí.

Imagen: http://respuestasveganas.blogspot.com/

25 respuestas:

Leandro dijo...

Muchas veces durante el conflicto de la 125, hice referencia a exactamente el mismo pasaje del mismo libro. Lo que escribiste es casi exactamente igual a lo que yo decia. Me habras leido por ahi? o sera tan pero tan obvio que es imposible leer eso y no hacer el mismo paralelismo?

Ves que hay cosas en que estamos totalmente de acuerdo, Diego.

Diego F. dijo...

Leandro: el libro lo tengo de cuando lo estudie para teoría política y social I (Borón) y ahí discutíamos justamente todo esto. Hace rato que lo quería postear. Pero no sé cómo es que te podría haber leido si ni siquiera sé dónde leerte (te vi por primera vez -si es que sos el mismo leandro- en la discusión en el blog de Eva).
Pero bueno, si sos el mismo yo no soy el que dice que no hay puntos en común, al contrario (y hay muchos posts al respecto que no sé si leiste, como "algunos puntos para debatir" en donde termino con

"
Los años que se vienen tienen que ser años de tender puentes, de sumar. No hay proyecto de país posible sin la unidad de fuerzas y hay que pedirle a nuestros dirigentes que hagan todo lo posible por acercarnos si queremos salir para adelante. No dejemos que los puntos de desacuerdo sean los que predominen: trabajemos en conjunto cada quien desde su identidad por por lo menos el denominador común."

Saludos

Leandro dijo...

Aca, en tu blog Diego. Siempre lo leo y muchas veces comento. No es la primera vez que discutimos, aunque supongo que con la cantidad de gente que pasa no te acordaras de todos. O en el de lucas carrasco. Por ejemplo, si vas al post del cumpleaños de tu blog encontraras un mensaje que te deje (si, soy ese leandro).

No me estaba quejando de que hubieras copiado algo que yo dije, era mas bien para dar pie a lo que puse enseguida, que el texto es tan claro y es tan obvia la aplicacion al contexto nuestro, que nadie que lo lea podria dejar de hacer la asociacion. Eso quise decir, lo aclaro por las dudas.

Saludos.

Diego F. dijo...

Todo bien, justamente lo posteo para que los que no lo leyeron lo lean, esa es la idea así que por lo menos en esto estamos de acuerdo.
Saludos

Dormidano dijo...

No hay peor sordo que el que no quiere ver.
Moro, así como Rousseau, sabían que en el fondo había un primer pacto espúrio que por supuesto, taladraba todo el tejido social que no podía recomponerse sin enjuiciar ese contrato a ciegas en donde poco se quedan con lo de muchos.
Las leyes posteriores se fundaron bajo la premisa de legitimar ese despojo.
Y estamos, desde hace centurias, pagando con la vida las consecuencias de un orden social funesto.
Es tan cristalina la situación, tan obvia, que asusta y mucho que la "gente" no la comprenda y siga defendiendo a los despojadores.

MegaPaco dijo...

BIEN DIEGO!
Vamos a profundizar el modelo así llegamos a la Modernización Vene-Cubana para todos!! libertad y riqueza para todos: Socialismo o muerte, se ha dicho!!

NOTA:
Reemplacemos las palabras: "Ovejas asesinas" por: Petroleo, Minería, Pesca, Casino y Obra pública.

Diego F. dijo...

Piedra libre para Megapaco que aparece en el minuto 1' 50 aquí.

Matias Gimenez dijo...

Buen post. Tomás Moro era un adelantado.

Algo Habré Dicho dijo...

Jaa! gracias por el video
acá te dejo otro.

Y Gracias por Moro. Te recomiendo uno que quizás ya conocés, Fuenteovejuna, muy bueno también.

Saludos!

MegaPaco dijo...

Guau Diego, cada vez mejor lo tuyo, eh!
Es decir que si critico tu posición, soy un tilingo PRO y un boludo que grita "Muerte a los Montoneros".

Parece que tu mentalidad está tan limitada como la de ellos.

Diego F. dijo...

Algo habré dicho, fijate que también está la parte 2 de ese video, no tiene desperdicio.

Megapaco: no che, sacate los tapones de los oidos. Te decía por el que dice que nos van a convertir en otra Cuba, que es basicamente lo que planteaste en tu comentario anterior. Y una pena que no hayas podido entender el texto de Moro, es bastante claro pero bueno, cada quién según sus posibilidades (o sea, si hubieras entendido el planteo no dirías que "ovejas" es reemplazable por "obra pública"). Quizás sea la crispación que te impide captar el mensaje; pero bueno, allá vos.

Saludos

MegaPaco dijo...

Vos sostenés que el capitalismo, globalización y demás son nocivos, Cosa que es bastante chota, ya lo discutimos.
Sumado tu simpatía a actuales líderes Robolucionarios.
Sumado al gesto de decir solo "soja".

Esteban dijo...

Antes Platon, luego Moro. Te falta un post de Maquiavelo y completas T.P.

Udi dijo...

Para complementar, con parecida moraleja, pero un poco más de ironía:
http://artepolitica.com/comunidad/propuesta-concreta-modesta-contribucion-a-un-debate-con-altura-y-esclarecedor/
Una modesta proposición:
Para prevenir que los niños de los pobres de Irlanda sean una
carga para sus padres o el país, y para hacerlos útiles al público
[Sátira: Texto completo]Jonathan Swift

Udi dijo...

Y por si les parece demasiado largo atender a las razones del creador de Gulliver para comerse a los niños pobres de Irlanda, en este párrafo hay un buen resumen:
No se me ocurre ningún reparo que pueda oponerse razonablemente contra esta proposición, a menos que se aduzca que la población del Reino se vería muy disminuida. Esto lo reconozco francamente, y fue de hecho mi principal motivo para ofrecerla al mundo. Deseo que el lector observe que he calculado mi remedio para este único y particular Reino de Irlanda, y no para cualquier otro que haya existido, exista o pueda existir sobre la tierra. Por consiguiente, que ningún hombre me hable de otros expedientes: de crear impuestos para nuestros desocupados a cinco chelines por libra; de no usar ropas ni mobiliario que no sean producidos por nosotros; de rechazar completamente los materiales e instrumentos que fomenten el lujo exótico; de curar el derroche de engreimiento, vanidad, holgazanería y juego en nuestras mujeres; de introducir una vena de parsimonia, prudencia y templanza; de aprender a amar a nuestro país, en lo cual nos diferenciamos hasta de los lapones y los habitantes de Tupinambú; de abandonar nuestras animosidades y facciones, de no actuar más como los judíos, que se mataban entre ellos mientras su ciudad era tomada; de cuidarnos un poco de no vender nuestro país y nuestra conciencia por nada; de enseñar a los terratenientes a tener aunque sea un punto de compasión de sus arrendatarios. De imponer, en fin, un espíritu de honestidad, industria y cuidado en nuestros comerciantes, quienes, si hoy tomáramos la decisión de no comprar otras mercancías que las nacionales, inmediatamente se unirían para trampearnos en el precio, la medida y la calidad, y a quienes por mucho que se insistiera no se les podría arrancar una sola oferta de comercio honrado.

Diego F. dijo...

Paco: sí, obvio, tenés rtazón en todo lo que digas.

Esteban: ¿Algo así?
Y de la dos tengo toneladas para postear, porque cursé con la que tenés el doble de material que en las demás comisiones de la cátedra (una grosa en serio la mina, pero te hace sudar en serio la materia y te quiero ver con Hegel bajo presión).

Udi: gracias por el aporte, ahí lo leo.

Saludos

Diego F. dijo...

Ahh, ya lo había leido, es excelente!
Abrazo

ferdinando dijo...

hace muuuuuchos miles de años, viviamos de la caza y de la pesca, andabamos en pelotas, fornicabamos sin culpas, nos matabamos a garrotazos, eramos nómades. Luego surgió la agricultura y con ella la propiedad, el hombre quedó anclado para siempre a la tierra y perdió para siempre su libertad, creó civilizaciones cada vez mas evolucionadas y complejas, con leyes cada vez mas carcelarias. Donde todo el mundo está enojado y nadie sabe bien por qué, encorsetados, no quieren girar maniatados, quieren faulear y arremolinar, sin saberlo todos añoran la libertad pero pocos se animan a volver a ella, porque la libertad es fiebre,
es oración, fastidio y buena suerte
que está invitando a zozobrar.
Otra vulgaridad social igual,
siempre igual, todo igual, todo lo mismo...
Mi amor, la libertad no es fantástica,
no es tormenta mental que da el prestigio loco;
es mar gruesa y oscuridad

MegaPaco dijo...

Asi me gusta, fiel al estilo.

ferdinando dijo...

http://www.youtube.com/watch?v=HU_aMmc4HCE

javier dijo...

siguiendo con la exitosa serie de mensajes mios al pedo, aca va otro.
francisco, no deje de comentar nunca, por favor.

saludos.

Kos dijo...

Buena entrada, saludos

t dijo...

MegaPaco:
¿Por casualidad no serás el taxista con el que viajé ayer, que decía que este país "se está transformando en comunista" y que por eso se ve a muchos turistas colombianos y que las causas de todos los males son los planes sociales?
Si sos el mismo, un saludo grande.

Jorge dijo...

Sólo paso para decir que yo tenía esa imagen pegada en el cuarto hace unos trece años... Una prueba más de la sintonía con Mundo Perverso :)

Gimena dijo...

Muy buen post!!!

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