lunes, agosto 17, 2009

El empleo y los derechos ciudadanos



Ayer Crítica publicó un artículo de Duhalde en el cual expresa su convicción de que la Renta de Inclusión Social es hoy un avance tan gigantesco como lo fue, en su momento, el voto secreto y universal. Y abiertamente a contramano de esta idea este post de Martín plantea que cuando se sostiene que “desde lo político” deben articularse medidas para “evitar la desigualdad económica”, se comete un desatino.

Para poder profundizar sobre lo esgrimido por Duhalde y repensar los desafíos del mundo moderno me pareció interesante sacar a flote algunos fragmentos del libro El conflicto social moderno: ensayo sobre la política de la libertad del sociólogo liberal Ralf Dahrendorf en el cual analiza los avances en derechos civiles, políticos y sociales en los últimos siglos y plantea los nuevos desafíos del mundo moderno en el cual cada vez más personas quedan excluidas de los derechos formalmente establecidos debido a que los cambios en los modos de producción logran que se produzca lo mismo con menor empleo. Como son capítulos largos hago un recorrido por el eje que creo relevante en este debate y lamentablemente no está disponible este libro para leer online(*):

Cuando los derechos generales de ciudadanía se han hecho depender de que las personas se integren o no en las relaciones privadas de empleo, éstas han perdido su carácter privado y fundamentalmente voluntario. El trabajo se convierte en trabajo forzado de un modo indirecto, aunque compulsivo (...) los derechos de ciudadanía no son condicionales sino categóricos. Lo que ofrece la ciiudadanía no depende de la buena disposición de la gente a pagar un precio en el terreno privado. La ciudadanía no puede ser objeto de comercio.

(...)Emergen nuevas barreras de titularidades que puede no tengan la fuerza vinculante de la ley pero que constituyen, a pesar de ello, sólidos obstáculos en el camino de que todos tengan plenos derechos ciudadanos. Tales obstáculos incluyen tanto los ingresos reales como la discriminación social, las barreras que se oponen a la movilidad y la participación. (...) El conflicto social moderno se centra en el ataque de las desigualdades que restringen la plena participación ciudadana por medios sociales, políticos o económicos y en el establecimiento de las titularidades que constituyen un estatus de ciudadanía rico y pleno.

El punto más débil de los derechos civiles es que las leyes que se encarnan pueden estar sesgadas. Se pretende que sean las reglas del juego, pero algunas reglas de juego benefician a una parte más que a la otra. El contrato de trabajo es un ejemplo obvio: ¿qué significado puede tener la frase "libre e igual" si una de las partes necesita trabajar para sobrevivir mientras que la otra puede seleccionar y elegir, contratar y explotar?

(...)Hay signos de una cierta disociación entre el crecimiento económico y el empleo. Por tanto, una política de pleno empleo tendría que ser de naturaleza diferente. Esto no quiere decir que no haya suficientes puestos de trabajo sino que la distribución del trabajo se ha convertido en un problema en sí misma y también que probablemente no hay empleos cuyos salarios alcancen lo que se ha asociado con un nivel de vida decente. Las causas más inmediatas de esta situación puede que sean técnicas. El proceso de inventar máquinas que ahorren trabajo dura muchas décadas. Sin embargo, las razones más profundas de lo que parece ser escasez de empleos son sociales. Los nuevos inventos se aplican por razones de coste y de fiabilidad, y esto, a su vez, se relaciona con la defensa de los salarios reales por las organizaciones laborales, apoyadas a veces por la legislación (...) Los cambios que se han producido en la naturaleza del trabajo han sido profundos y han afectado a las vidas de los individuos y a las estructuras sociales. En la actualidad el trabajo ya no es la solución obvia a los problemas sociales sino parte del problema mismo.

Porque de hecho las sociedades modernas, basadas en el trabajo y en la ética de la ocupación y productividad crecientes, han logrado generar un mundo que incrementa la producción en función de los mercados pero cada vez con menos trabajo. Los empleos son los billetes de entrada que permiten acceder al mundo de las provisiones, determinando así, conforme a los ingresos de la gente, su posición social, su autoestima y la manera de organizar sus propias vidas individuales y familiares (...) De hecho, el trabajo se ha convertido en un privilegio, en lugar de en una carga. Pocos describirían hoy a los grupos de estatus más elevado como una clase ociosa; al contrario, constituyen una clase de "adictos al trabajo". Una buena parte de sus miembros se está siempre quejando de no conocer la diferencia entre los días laborables y los festivos, y de no haberse tomado unas vacaciones en varios años; pero, de hecho, tales quejas son otra forma de consumo manifiesto, de mostrar la nueva riqueza del trabajo.

Los economistas coinciden en líneas generales en que los países desarrollados, y más concretamente los de la OCDE, entre 1870 y 1970 han multiplicado por diez la productividad total, en tanto el porcentaje de horas trabajadas por año y persona se ha reducido a la mitad. El hecho de producir más con menos trabajo o menor esfuerzo significa también que el trabajo ha llegado a ser escaso, y consiguientemente muchos pueden quedar fuera de este mercado sin que su desempleo afecte a las funciones fundamentales de la economía.

Se logró hace mucho tiempo mantener una alta productividad en la agricultura con un bajo nivel de ocupación; se ha realizado recientemente en la industria la misma tendencia y resultados a la par que la renta industrial continúa aumentando, y se ha incrementado un sector terciario de actividades y servicios, todavía capaz de aumentar en tanto queden sin satisfacer gustos nuevos y demandas diferentes. Pero se ha renunciado definitivamente al pleno empleo, y se considera natural una tasa de desempleo en torno al 10 por 100.

Para reducir el desempleo, o para luchar por el pleno empleo, hay, en estos países ricos, que recurrir a crear, o seguir creando, puestos de trabajo "periféricos o superfluos". Obviamente, la noción es problemática: ¿Quién tiene que decir si un trabajo es estrictamente necesario o no? Porque, cuando se reducen las ocupaciones en el servicio personal, esto es, el servicio doméstico, aparecen los mismos empleos en forma de empresas de servicios organizados, bien sean empresas de limpieza, comidas preparadas y servidas a domicilio, etcétera.

Los puestos de trabajo, en cuanto llaves de las oportunidades vitales dentro de la sociedad trabajadora fueron, durante mucho tiempo, no sólamente el billete que permitía entrar en el mundo de las provisiones sino también condición para disfrutar de las titularidades de la ciudadanía. El derecho al voto dependía, por ejemplo, de los impuestos que se pagasen y, más tarde, del hecho de que se fuera o no miembro de determinadas profesiones. Los derechos de ciudadanía social estaban estrechamente ligados al empleo.

He sostenido, al definir la ciudadanía, que el estatus no es el resultado de un contrato comercial y que tampoco es negociable. Por tanto, la separación de la ciudadanía de la ocupación fue un progreso, por mucho que quienes controlan el mundo del trabajo deseen dejarla sin efecto. Sin embargo, el partido de las titularidades cometió un error cuando aspiró a implantar el derecho al trabajo. Se trata de una frase vacía o de una mala utilización de la palabra "derecho". Puede ser deseable que todos encuentren trabajo, y los políticos deben comprometerse en ese sentido, pero ningún juez puede obligar a un patrono a emplear a un desempleado. Además, el empleo por el empleo es una receta para la ineficacia económica. En términos de libertad, es más importante implantar el derecho a no trabajar, de manera que los gobiernos no puedan obligar a la gente a ligarse a, o a depender de algo que no quiere.

A pesar de todo, el desempleo duradero y persistente plantea cuestiones relacionadas con las titularidades. Desde el momento en que el acceso a los mercados y, por tanto, a las provisiones, depende del empleo, el desempleo significa que se niega el acceso a los mismos y esto es cierto incluso en el caso de que la gente pueda vivir del subsidio de desempleo. En Europa ha comenzado a entablarse un debate entre la proresiva disociación del trabajo y la ciudadanía: hay quienes contemplan a la liberación del empleo como un paso necesario en el proceso hacia la emancipación. En los Estados Unidos, autores radicales incluso mantienen el punto de vista opuesto y sostienen que el trabajo, junto con las relaciones de poder y de dependencia que las acompañan, es un requisito de la civilización. El debate vuelve sobre temas antiguos y resulta tópico precisamente a causa de los cambios producidos en el mundo del trabajo. Sin embargo, tiene poca importancia desde el punto de vista de los que están sin empleo.
Es un planteo interesante el de Dahrendorf ya que es evidente que los empleos determinan quiénes poseen efectivamente derechos ciudadanos y quiénes no. Teniendo en cuenta el proceso que venimos atravesando en el mundo moderno creo que vale la pena reflexionar acerca de cómo garantizar derechos sociales plenos para todos más allá de si accede a un empleo o no. A los que les interese el tema les recomiendo consigan el libro ya que es mucho más rico lo argumentado y expresado por Dahrendorf del recorte en el cual enfocamos en este post.

Saludos
D.F.

Imagen: http://www.jornada.unam.mx

(*)Algunos párrafos fueron tomados de este artículo de Artehistoria y los demás de Dahrendorf, Ralf : Conflicto social moderno, Madrid Mondadori España, cop. 1990.- Biblioteca Mondadori 13 - ISBN: 84-397-1740

12 respuestas:

Diego E. dijo...

El desatino es, en todo caso, darle entidad a semejante pretensión de análisis.

Recuerdo mi primera -y entonces pensé que última- visita al blog de Martín, sostenedor monomitómano, llevado por el blogroll de este sitio.

Tuve la suerte de llegar justo a un post sobre Hobbes. Uno piensa, acertadamente, que un anarquista tiene, como su principal opositor intelectual, precisamente al padre del Estado represor burgués. Y que tal anarquista ha de poner sus mejores armas en esa lucha intelectual. La tesis de Martín para refutar al Leviatán era: "¿y si en realidad somos buenos?". No es serio. Definitivamente.

Y llevar cada uno de los temas, todos, la totalidad de los temas a una reducción por la cual todos nuestros problemas se terminan terminando con el Estado, es de una puerilidad tan ramplona que, a decir de Popper, termina convirtiéndose en una tesis no falsable. El absurdo es irrefutable, siempre.

Este muchacho tiene un pastiche armado a base de lecturas de bakunin.

Es como leer el malestar en la cultura, de Freud, e inferir de allí que la solución a nuestros problemas radica en volver a la estepa africana, a comer hormigas con un palito.

A veces pienso que nos está jodiendo, para ver si alguno pierde los estribos. Ahí anda, en un thread, comparando a Chávez con un violador.

Y al final, lo consiguió, yo me había propuesto no polemizar nunca con ese infante.

Saludos.

Alejandrodb dijo...

En este situación coincido plenamente con Martín, más alla de que muchas veces coincido con lo simplónas que pueden resultar algunas argumentaciones en este caso creo que ha dado en el clavo.
la desigualdad social no está dada por el simple echo de que los ricos tengan más y los pobres menos, esta enraizada socialmente esa visión de la situación que se ha convertido en acepción por parte de casi toda la ciudadania, y que cuando se crea un nuevo impuesto para los ricos sea festejado por los que menos tienen es normal, particularmente creo que el problema no reside ahí, la genesis de esta desigualdad tiene su base en las politicas de desigualdad que generan las políticas de los estados, a un estado no le sirve que no haya pobres, el mismo los necesita (conciente o inconcientemente) para, por parte del empresariado o el sector privado crear facilmente plusvalia, fuerza monetaria convertida en poder de los estados, a más dinero mejor se está como nación, y las politicas se encargan de aplanar el campo para que las diferencias entre ricos y pobres se sucedan.

Cambiando de tema, hace exactamente 16 años "la mejor policia del mundo" del cabezón (gobernador de Bs.As 1991 a 1999) se llevaba puesto a Miguel Bru - y a un testigo de este asesinato en un "enfrentamiento armado" - , cuyos restos permacen a la fecha desaparecidos.

Un abrazo.

Martín - Destructor de Mitos dijo...

La tecnología es problemática, porque por un lado es necesaria para lograr la emancipación del trabajo, pero por otro, es la eterna sospechada de ser causante del desempleo.

Personalmente, creo que la tecnificación (y, por lo tanto, la elevación de la productividad) es un paso imprescindible para brindar condiciones de vida dignas para todos (y creo que a eso se refiere Dahrendorf cuando habla de ciudadanía) Lamentablemente, eso no se puede hacer de la noche a la mañana, y tampoco por ley o regulando.

Diego E., hablado de mitómanos, yo nunca "refuté" como vos planteás a Hobbes.

Tampoco creo que los problemas se terminen con la desaparición del estado (aunque tampoco pienso que se solucionen con un estado-nación).

Calculo que serán suposiciones tuyas sobre lo que yo creo.

Por último, prefiero Proudhom a Bakunin.

Moscón dijo...

Vivimos en sociedades sufrientes en lo que un sociólogo(no recuerdo el nombre del mismo)llamó"síndrome del harem":
El eunuco cuida las mujeres del sultán impidiendo que otros varones se relacionen con ellas,así,a pesar que el no puede relacionarse con las mismas produce impotencia en los demás y de esta manera recupera su potencia emasculada.Si miramos alrededor vamos a ver innumerables ejemplos,"la tengo más grande"parece ser la premisa y si no la tengo hago desaparecer al que la tiene,puede ser en sentido literal,social,virtual,real,laboral,moral,político y ECONÓMICO.
Es un verdadero kilombo de raiz sicosocial,desde muy chicos mamamos estos conceptos hasta olvidar como carajo lo incorporamos pero inconcintemente lo aplicamos.Sentimos un gustito a triunfo cuando estamos por encima de otro,no importa si lo tiramos para abajo nuestro o trepamos por encima de él,lo importante es someter al otro y satisfacer una necesidad que no sabemos de donde nos viene porque olvidamos su origen.El poderoso tiene autoridad para cagarte la vida de cualquier manera:desde tu papá,tu maestra,tu jefe,tu policía,tu juez,tu funcionario,el empresario con su auto gigante y vos en bondi,y nuestros"representantes"cagándonos en la boca.ESTA ES LA UNICA SALIDA DE CAMBIO,DEJAR DE SER COMO SOMOS.Solamente un tarado puede esperar resultados distintos haciendo lo mismo.

Doble Doble V dijo...

Una partecita de un texto de tu amiga Ayn Rand, que plantea la situación de otra manera:

“Cuando trabajas en una fábrica moderna, se te paga, no sólo por tu labor, sino por todo el genio productivo que
ha hecho posible dicha fábrica: por el trabajo del industrial que la construyó, por el trabajo del inversor que
ahorró el dinero y lo arriesgó después en lo nuevo y no probado; por el trabajo del ingeniero que diseñó las
máquinas cuyas palancas tú mueves; el trabajo del inventor que creó el producto que fabricas; el trabajo del
científico que descubrió las leyes que permiten elaborar dicho producto; el trabajo del filósofo que enseñó a los
hombres a pensar y al que te pasas denunciando.
“La máquina, forma congelada de inteligencia viva, es el poder que expande el potencial de tu existencia,
elevando la productividad de tu tiempo. Si hubieras trabajado como herrero en la mística Edad Media, el
resultado de toda tu capacidad productiva habría sido una barra de hierro hecha a mano, tras días y días de
esfuerzo. ¿Cuántas toneladas de rieles produces diariamente si trabajas para Hank Rearden? ¿Te atreves a
afirmar que el monto de tu salario se debe sólo a tu esfuerzo físico y que esos rieles son producto de tus
músculos? Todo lo que tus músculos valen es el nivel de vida de aquel herrero; el resto es un regalo de Hank

Comandante Cansado dijo...

Tiene razón Diego E., Diego, F., estás inflando a Martín.

Diego F. dijo...

Diego E, Comandante: a lo que apuntaba con la cita a Martín era a levantar un argumento que se escucha a menudo (muchas veces sin explicitarse) en los sectores liberales, pero a lo que quería llegar es a Dahrendorf y su planteo acerca del empleo y los derechos y la problemática moderna en torno a la emancipación humana.

Doble Doble V: sabés de antemano lo que pienso de Ayn Rand , realmente no se la puede tomar en serio y creo que no tiene nada que ver con el tema del post.

Saludos

E.P. dijo...

El plan del gobierno me parece bien, creo que el trabajo dignifica, pero el problema es que lo veo "machista", en el sentido de que son trabajos de construcción que son más que nada para hombres. (Aunque no se descarta que una mujer pueda trabajar en construcción, no son la mayoría).
Qué pasa con las madres solteras, que son muchísimas en los estratos sociales bajos?
Tendría que el plan abarcar un subsidio o puestos laborales que ellas quieran ocupar.
En definitiva, termina siendo un plan trabajar no? sólo que por más plata.

Laura dijo...

Muy bueno el texto.
Lamentablemente esta es una discusión que por ahora sólo se está dando en ámbitos académicos.
La relación entre derechos sociales bajo la categoría central de trabajador, en Argentina ha sido patente, en un momento histórico donde el pleno empleo le otorgaba un status universalista a cada uno de los derechos conquistados.
En la actualidad, es un hecho que para el mercado de trabajo sobra gente, y esto hace urgente la discusión sobre la ampliación del concepto ciudadanía, entendiendo que hay derechos inherentes al ser humano independientemente de su participación en el mercado.

yevgeny dijo...

Da para largo debate... pero no tengo tiempo ahora.
Dejo una vieja nota que alguna vez publicara LaNazion:
Allot, un conservador radical.

yevgeny dijo...

Bueno... sigo con la intención de comentar más acerca de este post. Es difícil, dado que los textos acerca de los cambios en el sistema productivo y el mundo del trabajo de las sociedades desarrolladas son cientos.
Recomiendo uno que releí hace poco y que he citado : El hombre unidimensional, de Herbert Marcuse.

Existe una dificultad aún mayor: Nuestro país no es ni rico ni desarrollado. Nuestras problemáticas no son las europeas ni las yanquis. Este hecho ameritaría decena de aclaraciones y comentarios para poner en una perspectiva real la relación entre una sociedad desarrollada y una subdesarrollada, y que afirmaciones sobre las primeras pueden implicarse a las segundas.
Es Demasiado.

Por lo tanto, voy a comentar algo acerca de este fragmento resaltado:
"En términos de libertad, es más importante implantar el derecho a no trabajar, de manera que los gobiernos no puedan obligar a la gente a ligarse a, o a depender de algo que no quiere."

Al menos como se presenta, descontextualizado, este concepto es absurdo.
¿Qué puede significar que un gobierno no puede obligar a la gente a depender del trabajo? Para el común de la gente en nuestra sociedad, es cómo afirmar que un gobierno no puede obligarla a depender del oxígeno, si a la gente no le simpatiza este elemento químico.
Esto me recuerda a las discusiones universitarias acerca de la libertad de elección de carreras.
Algunos "liberales" afirmaban que esta elección debía ser absolutamente a conciencia y gusto del estudiante. A la pregunta de que opinarían si una sociedad tuviese el 99% de sus graduados universitarios repartidos entre abogados, médicos, y administradores de empresas, sólo atinaban a manifestar el estupor que les causaba la idea de la limitación de la libertad de profesión.
En rigor, en la realidad material, no exite tal posibilidad de libertad. La libertad del hombre es la libertad que tiene la sociedad a la cual pertenece, su comunidad. Es por razones llanamente materiales que un hombre no puede ser libre de una necesidad u obligación de la cual su sociedad no se haya liberado. Sólo mediante la parasitación, la explotación de otros hombres, la injusticia y la desigualdad, puede un hombre ser libre de las obligaciones que la naturaleza le confiere a su sociedad.
Otras concepciones de la libertad son sólo meras abstracciones, utilizadas generalmente para confundir y atrapar a incautos; para convencerlos de que basen su vida en un ideal irrealizable (irreal) que en su infinito camino hacia la realización da sustento a las condiciones de la desigualdad y la injusticia (la explotación).

yevgeny dijo...

El papel del estado (burgués) en la organización económica y, por lo tanto, social, siempre ha sido complejo.
Hoy por hoy en latinoamérica y también en el resto del mundo, la discusión acerca de este rol vuelve a reanimarse.
En resumidas cuentas, la izquierda considera que el estado vela por los intereses de las clases dominantes, básicamente impidiendo que las clases explotadas se rebelen contra el sistema de dominación.
El problema, creo yo, es que el sistema de dominación económico cada día necesita menos de la existencia de un estado. La rebelión popular debería ser - deberá ser - una rebelión contra todo. Contra todos los valores culturales que si bien se asientan sobre la base económica, forman una capa protectora de ésta.
Los indicios de esa rebelión no son una amenaza intimidante.
Por el contrario, un estado que en su función aliada al poder económico, termine siendo una piedra en el zapato de aquel, impidiendo el pleno desarrollo de la explotación tanto de los recursos naturales como de los humanos, es algo que sí está haciendo ruído. Eso es lo que representa el gobierno de Cristina para el stablishment y las corporaciones, y éste nos ha dado burdas muestras de su posición.

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