miércoles, enero 07, 2009

Sobre la sociedad del conocimiento



Les dejo un muy interesante análisis realizado por Néstor García Canclini (*) en la conferencia inaugural del último Congreso Fundacional da Asociación Española de Investigación de la Comunicación, en el cual analiza las relaciones entre la multiculturalidad, la sociedad del conocimiento, los medios de información, el nuevo orden mundial y las nuevas formas de comunicación.

Sociedad de la Información, del conocimiento y del reconocimiento.


La organización social de las comunicaciones ha sido estudiada por el pensamiento crítico como un sistema fracturado por brechas: entre quienes poseen televisión gratuita o paga; o entre quienes sólo reciben entretenimiento o también información estratégica; ultimamente, entre los que acceden a las tecnologías digitales y los que quedan afuera o solo subutilizan sus recursos más elementales, como el correo electrónico y el teléfono móvil para comunicarse. Siempre se analiza la grieta y el desequilibrio entre sociedades centrales y periféricas. Sin embargo, es posible una comprensión más compleja de la significación cultural y social de estos procesos, no como simple polarización, para concebir de otro modo las políticas.

1. Una diferencia teórica clave es la que existe entre quienes hablan de sociedad de la información o sociedad del conocimiento. El primer nombre representa a quienes consideran que los avances y transformaciones modernizadores derivan del empleo sistemático de la información para reestructurar los procesos productivos, abaratar el costo de los bienes e incrementar la capacidad de procesar, almacenar y transmitir datos.

Se supone que el desarrollo social y cultural depende de que todos los países se integren a la revolución digital e informacional, todos los sectores de cada sociedad accedan a “trabajos inteligentes” y se conecten con las redes donde se obtiene información y se difunden inovaciones. Las otras dimensiones del desarrollo vendrán por añadidura. La tecnologización productiva, la expansión de los mercados y su integración transnacional generalizará los beneficios económicos. El acceso directo y simultáneo a la información va a democratizar la educación y mejorar el bienestar de la mayoría. En lo político, crecerán las oportunidades de participación y se descentralizará la toma de decisiones.

Una posición diferente es la de quienes hablan de una sociedad del conocimiento, sobre todo si se considera con una perspectiva antropológica. En tal sentido, todas las sociedades, en todas las épocas, han sido sociedades de conocimiento, o sea que todo grupo humano ha dispuesto de un conjunto de saberes apropiado a su contexto y sus desafíos históricos. Este tipo de aseveraciones, que hasta mediados del siglo XX sirvieron para cuestionar las pretensiones de superioridad europea u occidental, condujeron al relativismo cultural, que quiso resolver las desigualdades reduciéndolas a diferencias – siempre legítimas- entre culturas: cada sociedad o cada nación tiene derecho a su propio modo de vida.

Pero hoy ¿alguna sociedad puede autoabastecerse? Mientras las naciones lograban gestionar con autonomía dentro de sus territorios la mayor parte de los procesos económicos, sociales y culturales, podían considerarse autosuficientes con sus saberes propios. Al globalizarse los intercambios económicos, las migraciones, los medios de información y entretenimiento, se requiere una concepción que reconozca las diferencias junto con las desigualdades y las interconexiones entre sociedades con formas distintas de conocimiento.

2. Esta división entre una concepción informacional de la sociedad y
una concepción sociocultural de la información ya no es sostenible. En una época de construcción multicultural de los saberes necesitamos articular distintos modos de informarse y fundamentar el sentido social. Se necesitan, luego, consensos interculturales. Para decirlo de otro modo, el formidable incremento de conocimientos puede efectivamente comunicar (que no es lo mismo que informar) si se usa para construir, como postula Dominique Wolton, formas nuevas de “cohabitación cultural”

Si pensamos la información y el conocimiento como parte de las relaciones interculturales, pasamos a concebir de manera diferente las relaciones entre culturas occidentales y orientales, o las diferencias en la organización de los saberes y de acceso al conocimiento entre adultos y jóvenes en una misma sociedad.

El mundo ya no funciona en vertientes separadas: una para los movimientos modernos y globalizados, otra para los tradicionales y comunitarios, Oriente por un lado y Occidente por otro. Tampoco existe un universo de las humanidades letradas paralelo y ajeno a otro de la comunicación audiovisual. Desde mediados del siglo XX, el desarrollo interrelacionado de la educación, las industrias editoriales y audiovisuales, está diluyendo aquel orden ilustrado
que separaba la escritura de las imágenes, la educación del entretenimiento y la información de la comunicación.

3. El tercer contexto que hoy condiciona las escalas y estrategias de investigación es el de la globalización de las comunicaciones y la convergencia digital multimedia. Para comprenderlo hay que poner en interacción dos procesos que los estudios comunicacionales suelen trabajar por separado: el movimiento megaestructural de las fusiones empresariales y las transformaciones en los hábitos de los consumidores. La concentración a través de convenios entre empresas editoriales, audiovisuales y de servicios digitales y la tecnosocialidad cotidiana que integra en un mismo aparato textos, imágenes y músicas se potencian mutuamente. Todo indica que hay complicidades fuertes entre la macroeconomía de las comunicaciones y los nuevos consumos culturales. Pero ¿van en la misma dirección
ambos procesos, o en la circulación y apropiación coexisten la multiculturalidad restringida por las corporaciones con los juegos y las descargas libres de los usuarios que combinan los repertorios abriendo otros modelos de interacción y goce más variados?

En las ciudades, y sobre todo en las generaciones jóvenes, si bien no desaparecen la pertenencia étnica, grupal y nacional, crece el acceso a repertorios transnacionales muy heterogéneos difundidos por los medios de comunicación. La conjunción de pantallas televisivas, ordenadores y video juegos está familiarizando a las nuevas generaciones con los modos digitales de experimentar el mundo, con estilos y ritmos de innovación propios de esas redes, y con la conciencia de pertenecer a una región más amplia que el propio país. Un obstáculo para este aprendizaje es que la desigual participación en las redes de información se combina con la desigual distribución mediática de los bienes y mensajes de aquellas culturas con las que estamos interactuando.

Una de las conclusiones de este análisis multidimensional de la diversidad es que se cruzan las distintas diferencias y desigualdades: étnicas, de género, educativas y de acceso a las tecnologías avanzadas y la comunicación transnacional. Esta comprobación tiene consecuencias en el estudio y la comunicación de la diversidad, en el análisis de las brechas, así como en el diseño de políticas interculturales.

¿A dónde conduce relacionar los nuevos modos de informarse y conocer con las formas actuales de comunicarse? Ante todo, vemos de manera distinta la oposición entre sociedad de la información y sociedad del conocimiento. Si nos interrogamos qué significa hoy saber, saber para actuar con sentido en la vida social, necesitamos trascender la noción de sociedad de la información. A la vez se modifican los hábitos de los estudios clásicos sobre cultura que incurren todavía en escisiones gutemberguianas, premediáticas, atribuyendo a
los medios audiovisuales masivos el ser sólo proveedores de diversión, a Internet de información y a los libros de conocimiento.
La convergencia digital incita a considerar juntos los diversos modos de saber, entretenernos y estar juntos como partes interactuantes de la misma sociedad.

Seguirá habiendo medios especializados en informar, otros en divertir y otros en producir sabiduría o ciencia. Pero también (unos pocos) especialistas en televisión y videojuegos se hacen preguntas sobre lo que se aprende en ellos, así como las universidades se replantean (a veces) en qué sentido la difusión del saber puede ser parte vertebral de su tarea. Estas experiencias hacen posible imaginar un pasaje de la reduccionista sociedad de la información a una sociedad de conocimiento que, planteándose los desafíos de la interculturalidad, llegue a ser también una sociedad del reconocimiento.

Las necesidades de convivencia intercultural nos llevan a combinar el estudio de las brechas –entre países centrales y periféricos, entre informados y entretenidos, entre las culturas letradas, audiovisuales y digitales– con las estrategias de comunicación que faciliten la inteligibilidad y la coexistencia entre culturas.

Saludos
D.F.

Fuente: www.aeic2008santiago.org

Imagen: www.zonalibre.org/blog/parafrenia/

(*): Profesor de la Universidad Autónoma Metropolitana de México y coordinadorde estudios sobre la diversidad cultural de la UNESCO para América Latina y Caribe.

3 respuestas:

Anahí dijo...

¡Ah, qué bueno, cuánto hace que no leo algo de Canclini! Gracias, DIego F.
Lo leo tranqui, y depués comento.
Saludos.

Nacho dijo...

No me cae muy bien Canclini. No es que lo haya leído muchísimo pero eso alcanza para tener noticia de un par de huevadas de fuste que ha dicho.

Además, si la memoria no me falla creo que labura para Clarín, con lo que cualquier crítica hacia ellos la tiene prohibida.

Anahí dijo...

Nacho, ¿qué interés tendría Canclini en criticar o no a Clarín, un tipo que tiene una trayectoria de por lo menos 30 años, y es catedrático en la Universidad de México.
No sólo me parece que leíste poco, me parece que nada.
Saludos.
Si querés encontrar un periódico donde sí le publican artículos interesates, buscá en La Jornada de México.

Related Posts with Thumbnails