domingo, marzo 02, 2008

Tornado en Buenos Aires



Lo peor, es que todavía hay tipos como estos que se empacan en negar lo evidente.

4 respuestas:

OliverX dijo...

Hay una frase que tiran en el final de la nota sobre una foto de un parque eólico...
No hace falta buscar métodos alternativos para producir energía.
Teniendo en cuenta que 2007 fue el año que se llegó al cenit del petróleo, en un par de décadas no van a saber cómo alimentar las plantas energéticas basadas a hidrocarburos. Ni hablar de los coche último modelo.
Mejor no sigo la cadena interminable de cosas que no se van a poder hacer inmediatamente.

El Canguro Estepario dijo...

Hola,

lo que hubo en Bs As se llama tromba y no tornado. Podría parecer una sutileza, pero hablamos de una intensidad de órdenes de magnitud menor y por lo tanto hablamos de un fenómeno distinto.

Por otra parte no hay ninguna prueba de que los fenómenos del granizo, nieve o trombas tengan que ver con el cambio climático. Nevó varias veces en Bs. As. y el granizo de ese tamaño- si bien poco común en Bs. As. - es común en otras partes del país. No digo que no haya un cambio climático global causado por el hombre (tampoco digo que sí lo haya), solo llamo la atención sobre este post, que me parece totalmente falto de fundamento.

Látigo dijo...

Es interesante que la falta de fundamento la marque una persona que "no dice que no haya un cambio climático pero taponco dice que sí lo haya".
En todos los lugares que busqé información acerca de la "sutil" diferencia entre tornado y tromba en ningún lado encontré que la misma se deba a "una intensidad de órdenes de magnitud menor y por lo tanto hablamos de un fenómeno distinto" sino todo lo contrario. La diferencia entre unos y otras no está en la magnitud sino en el lugar donde ocurre el fenómeno: el tornado en tierra y la tromba en agua. La magnitud se la dá la velocidad de los vientos y de ahí su clasificación.
Tal vez el Sr. Canguro sea meteorólogo y tenga mucha más información para compartir, pero no logré hallar que las diferencias de magnitud entre unos y otros como un rasgo distintivo (ni sutil).

Ojo, con esto no quiero decir que el comentario haya sido una boludez (tampoco digo que no lo haya sido) sólo llamo la atención sobre la entrada anterior, que me parece totalmente falta de fundamento.

Saludos

Anónimo dijo...

Meteorología
Tras los rastros del tornado
Por Susana Gallardo
La película Twister, estrenada recientemente, mostraba la devastadora acción de los tornados en los Estados Unidos, y la arrojada actitud de un equipo de científicos que marchaban a la caza de estos fenómenos con el fin de conocer un poco más acerca de su accionar.
Si bien para los habitantes de la Ciudad de Buenos Aires los tornados suelen pasar inadvertidos, el interior del país sufre periódicamente las destructivas consecuencias de estos fenómenos, que alcanzan la máxima intensidad, en forma similar a lo que muestra la película. Y la Argentina tampoco se queda atrás en lo que respecta a esfuerzo científico en este tema. La doctora María Luisa Altinger de Schwarzkopf hace 25 años que se dedica al estudio de los tornados en nuestro país. Ella no marcha a la caza del tornado, sino que va unos días después, para desenmascarar al culpable a partir del estudio detallado de los daños. Tarea no menos valiente, ya que va al encuentro de un espectáculo generalmente desolador.

Este trabajo a pulmón es el único modo de caracterizar a los tornados, ya que las estaciones meteorológicas de observación, que podrían aportar datos sobre la intensidad o la velocidad del viento, están muy separadas entre sí, y las tormentas pasan entre medio de ellas. Además, no existe en el país una tecnología de observación que pueda, ni siquiera con unas horas de anticipación, alertar sobre la posibilidad de un tornado. En cambio, esta tecnología sí existe, por ejemplo, en los Estados Unidos, donde los radares Doppler pueden determinar el lugar exacto donde está desarrollándose una tormenta severa.



Ramas quebradas, árboles arrancados de raíz, pérdida total del follaje. Son los daños producidos por el tornado F1/F2 del día 6 de mayo de 1994, en la Estancia San Claudio, de la Universidad de Buenos Aires, ubicada en la localidad de Hortensia, en el centro de la provincia de Buenos Aires.

El rastreo del pasado

Uno de los objetivos de la tarea que lleva a cabo la doctora Schwarzkopf es evaluar el riesgo de estos fenómenos en el país. "Para poder hacer un cálculo de riesgo hay que conocer la frecuencia de estas tormentas sobre determinada zona, y para ello es necesario tener información de un período de, por lo menos, 50 años, porque se trata de un fenómeno muy aleatorio", señala la investigadora, en su laboratorio del Departamento de Ciencias de la Atmósfera, en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA.

Después de una tarea de campo de unos años, Schwarzkopf, junto con sus colaboradores, comenzó a realizar una revisión sistemática de los diarios para expandir hasta el año 1930 el registro de las tormentas severas. Luego, la tarea consistió en ir al lugar del crimen, hablar con los pobladores, revisar la documentación, y hasta el registro de muertos en el cementerio, para corroborar, o corregir, lo indicado en el diario. De este modo, los investigadores pudieron reconstruir el recorrido y determinar la intensidad de la tormenta, en los casos ocurridos en épocas pasadas.

Hasta ahora llevan analizados más de 1400 casos, que incluyen algunos registros históricos como el tornado del 16 de septiembre de 1816 que provocó 21 muertos en la localidad bonaerense de Rojas, y fue publicado en el diario La Gaceta.

A veces, los diarios no logran dar cuenta de la magnitud de los hechos. "La tormenta severa más espectacular que analicé fue la de Monte, ocurrida el 13 de octubre de 1991, y en el diario salió como una simple tormenta", recuerda la investigadora, y agrega: "Para hacer la tarea estuvimos dos semanas trabajando en el campo, cuando normalmente se hace en dos días".

Esta tormenta se extendió a lo largo de 120 kilómetros y, además de los daños causados en las viviendas, construcciones rurales, galpones y árboles, produjo el colapso de varias torres del sistema de transmisión de energía eléctrica de 500 kilovoltios de Alicurá.


Tras las huellas del culpable

Una noticia periodística o un llamado telefónico marcan el comienzo de la tarea. Luego la investigadora, con algún colaborador, reúne todos los elementos necesarios: grabadores, cámaras de fotos y video, cinta métrica, brújula, así como, fundamentalmente, la cartografía. Y en menos de 24 horas están en viaje hacia el lugar.

"Lo primero que vemos son árboles caídos y, a partir de la posición en que quedaron, podemos calcular la intensidad y la dirección de la tormenta", comenta la investigadora. "Para esto nos valemos de una escala de intensidad de los tornados, que fue elaborada por un científico japonés apellidado Fujita".

Los investigadores tienen en cuenta también el tamaño de los proyectiles, es decir, de los objetos que son levantados por el viento e incrustados en árboles o en construcciones. Analizan de dónde salió y dónde se incrustó el proyectil para documentar lo ocurrido.

El trabajo se complementa con los testimonios de la gente del lugar. Y esta es sin duda una experiencia interesante. "Cuando la gente ve la camioneta con la inscripción "Universidad de Buenos Aires - FCEyN", se asombra de que alguien de Buenos Aires se interese por lo que les pasó. Y, ante el desconsuelo del desastre, se sienten protegidos", dice Schwarzkopf , con la satisfacción de estar haciendo algo útil.

La infancia y juventud vividos en la zona rural de la provincia de Buenos Aires le permiten a la investigadora moverse con total comodidad en el campo, y con buen conocimiento de ciertas reglas, imposibles de transgredir. Las anécdotas brotan inevitables, y también la caracterización de los informantes: "Las mujeres son más descriptivas; los hombres, por lo general, más parcos", comenta.

A partir del estudio realizado hasta ahora, los investigadores indican que la época más propicia para la producción de tormentas severas se extiende de octubre a marzo, cuando ocurre el 85 por ciento de los casos. El mes de mayor actividad es diciembre, y un pequeño porcentaje sucede en abril y septiembre. Además, la mayoría de los tornados se producen durante la tarde y la noche. Asimismo, la zona de máxima frecuencia abarca el centro y sur de la provincia de Córdoba y noroeste de la provincia de Buenos Aires.

Uno de los tornados más intensos que se produjo en los últimos años fue el de López, al sur de la provincia de Buenos Aires, el 6 de mayo del 92. Se trató de un F4 (según la escala Fujita), con vientos superiores a los 400 kilómetros por hora. Varios automóviles volaron por el aire, y las viviendas, la escuela así como la estación del ferrocarril sufrieron la pérdida del techo y el colapso de las paredes.

El día que hubo más tormentas en la Argentina fue el 13 de abril del 93, que afectaron un área superior a los 30 mil kilómetros cuadrados en la provincia de Buenos Aires. Se trató de una sucesión de alrededor de 400 tornados de intensidad F1 a F2. Se desconoce, por supuesto, si algo similar ocurrió en épocas pasadas.



Predecir lo impredecible

Luchar contra los fenómenos de la naturaleza es imposible, pero sí es factible, al menos, minimizar los riesgos. En este sentido, una de las consecuencias de una tormenta severa es el colapso en los sistemas de transmisión de energía eléctrica. Los estudios que efectúan los investigadores permiten minimizar el riesgo al tenerse en cuenta ciertos factores en la construcción y el tendido de las líneas de alta y media tensión.

El equipo dirigido por Schwarzkopf efectuó la evaluación del riesgo para toda la red de transmisión de energía eléctrica de Yacyretá, donde se analizó, además, la separación que deben tener las líneas para evitar una falla simultánea.

Asimismo, conocer la frecuencia de las tormentas en una determina época del año permite disminuir la capacidad de transporte de las líneas de alta tensión para evitar el riesgo de dejar sin energía eléctrica a gran parte del país por culpa de los tornados. Por ejemplo, en verano, las líneas del Chocón tienen restricciones de este tipo.

Uno de los objetivos de los investigadores es poder predecir un tornado con una anticipación de 48 a 72 horas. Esto permitiría tomar ciertos recaudos, como alertar a Defensa Civil para que su personal pueda acudir inmediatamente a resolver cualquier situación, pues los cuerpos de policía y de bomberos tienen que normalizar el tránsito en las rutas bloqueadas debido al vuelco de vehículos, o a la caída de árboles o carteles. También deben estar alertados los médicos en hospitales y sanatorios para la atención de los heridos.

De octubre de 1993 a mayo de 1994, la doctora Schwarzkopf junto con el licenciado Luis Rosso, del Servicio Meteorológico Nacional, efectuaron un estudio experimental para determinar si, mediante el estudio de las características de la atmósfera, era posible predecir una tormenta severa con 72 horas de anticipación.

La tarea consistió en analizar la información diaria que provee el Servicio Meteorológico, y observar distintos parámetros como la presión, la humedad, la temperatura, entre muchos otros. Con esta metodología se pudieron identificar días con alto riesgo de tormentas severas, tal como la que se produjo el 6 de mayo de 1994 en el centro de la provincia de Buenos Aires y que afectó, entre otras cosas, a la Estancia San Claudio, perteneciente a la Universidad de Buenos Aires.

Si bien no se pudieron evitar los daños que produjo esta tormenta, el estudio fue positivo, aunque lamentablemente no podrá continuarse. El Servicio Meteorológico, por cuestiones de recortes presupuestarios, redujo a 3 el total de 9 estaciones que lanzaban globos sonda diariamente para recabar información.

Tal vez sea más fácil lidiar con los impredecibles tornados que con la, desgraciadamente, siempre predecible falta de recursos para la tarea tanto operativa como de investigación aplicada.


Clasificación de la intensidad de los tornados
Escala Fujita

F0 - Tornado muy débil (64 a 116 km./h)

Quiebra las ramas de los árboles. Produce daños en chimeneas, antenas de televisión y carteles.


F1 - Tornado débil (117 a 181 km./h)

Los árboles en terrenos blandos son arrancados de raíz. Los automóviles en movimientos son desplazados de su ruta. Se desprenden las coberturas de los techos y se rompen los vidrios de las ventanas.


F2 - Tornado violento (182 a 253 km./h)

Los árboles grandes son quebrados o arrancados de raíz. Se desprenden los techos de las viviendas. Destruye las casas rodantes y vuelca los camiones. Objetos pequeños actúan como proyectiles.


F3 - Tornado severo (254 a 332 km./h)

Arranca techos y paredes de viviendas prefabricadas, vuelca los trenes, eleva los automóviles del suelo y los desplaza a cierta distancia.


F4 - Tornado devastador (333 a 418 km./h)

Se generan proyectiles de gran tamaño. Los automóviles son arrojados a cierta distancia y finalmente desintegrados. Eleva y arroja a distancia las estructuras con cimientos débiles.


F5 - Tornado increíble (419 a 512 km./h)

Daña las estructuras de hormigón armado. Los automóviles se transforman en proyectiles y vuelan hasta distancias mayores de 100 metros. Ocurren fenómenos increíbles.

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