jueves, noviembre 01, 2007

Curioso liberalismo autóctono



Les dejo un muy interesante artículo escrito por Felipe Pigna sobre nuestra fauna liberal, aparecido en el gran diario argentino y al cual llegué gracias a un aporte de Jorge, el lobo estepario. Vale la pena leerlo -y creo que es un buen punto de partida para el debate- para entender dónde se paran nuestros "liberales" y cómo contrastan con las raices del liberalismo.

Curioso liberalismo autóctono

Los habitantes de nuestro país han sido robados, saqueados, se les ha hecho matar por miles. Se ha proclamado la igualdad y ha reinado la desigualdad más espantosa; se ha gritado libertad y ella sólo ha existido para un cierto número; se han dictado leyes y éstas sólo han protegido al poderoso. Para el pobre no hay leyes, ni justicia, ni derechos individuales, sino violencia y persecuciones injustas. Para los poderosos de este país, el pueblo ha estado siempre fuera de la ley".

El autor de este texto no es un activista ubicado en el extremo ideológico del panorama nacional. Fue un hombre moderado, un gran intelectual liberal, don Esteban Echeverría. El autor del Dogma Socialista, en esta carta que le escribía a su amigo Félix Frías en 1851, poco antes de morir, hacía un balance del período comprendido de Mayo a Rosas y daba cuenta con innegable dolor de la distancia que separaba al pensamiento liberal de la verdadera libertad de aquel pueblo que la Generación del 37 había idealizado y al que querían elevar a los niveles de "la Inglaterra o la Francia".

Unas décadas más tarde, quizás el teórico liberal más notable que dio nuestro país, Juan Bautista Alberdi, el autor del libro que sirvió de base para la redacción de nuestra Constitución Nacional, analizando los gobiernos liberales de Mitre, Sarmiento y Avellaneda, escribía: "Los liberales argentinos son amantes platónicos de una deidad que no han visto ni conocen. Ser libre, para ellos, no consiste en gobernarse a sí mismos sino en gobernar a los otros. La posesión del gobierno: he ahí toda su libertad. El monopolio del gobierno: he ahí todo su liberalismo. El liberalismo como hábito de respetar el disentimiento de los otros es algo que no cabe en la cabeza de un liberal argentino. El disidente es enemigo; la disidencia de opinión es guerra, hostilidad, que autoriza la represión y la muerte" (1).

Ambos pensadores, quizás los exponentes más lúcidos del liberalismo criollo del siglo XIX, ponían el dedo en una llaga nunca cicatrizada: la dicotomía existente entre una práctica política conservadora y una proclamada ideología liberal que sólo se expresaba en algunos aspectos económicos.

Ni siquiera en todos, porque la crítica liberal que planteaba la no intervención estatal no funcionó nunca en nuestro país si se trataba de apoyar con fondos estatales la realización de obras públicas por contratistas privados cercanos al poder, o del salvataje de bancos privados como viene ocurriendo desde 1890 a la fecha.

Para los autodenominados "liberales argentinos" estas intervenciones estatales en la economía no eran ni son vistas como tales. Pero estuvieron y están prestos a calificar como "gasto público" a lo que los propios teóricos del Estado liberal denominan sus funciones específicas como la salud, la educación, la justicia y la seguridad y que son denominados, incluso por los autodenominados "organismos financieros internacionales", como "inversión social", porque el Estado recuperará cada peso invertido en una población sana y con capacidad laboral y tributaria.

Si el Estado no cumple con estas funciones básicas, decía John Locke (1632-1704) -uno de los padres fundadores del liberalismo- el pacto social entre gobernantes y gobernados se rompe y los ciudadanos tienen derecho a la rebelión.

Las revoluciones burguesas europeas, producidas entre 1789 y 1848, dieron lugar a un nuevo tipo de Estado que los historiadores denominan "liberal". La ideología que sustentaba estos regímenes es el denominado "liberalismo", que a mediados del siglo XIX presentaba un doble aspecto: político y económico.

El liberalismo político significaba teóricamente respeto a las libertades ciudadanas e individuales (libertad de expresión, asociación, reunión), existencia de una constitución inviolable que determinase los derechos y deberes de ciudadanos y gobernantes; separación de poderes para evitar cualquier tiranía; y el derecho al voto, muchas veces limitado a minorías.

Junto a este liberalismo político, el Estado burgués del siglo XIX estaba también asentado en el liberalismo económico: un conjunto de teorías y de prácticas al servicio de la alta burguesía y que, en gran medida, eran consecuencia de la Revolución Industrial.

Desde el punto de vista práctico, el liberalismo económico significó la no-intervención del Estado en las cuestiones sociales, financieras y empresariales.

A nivel técnico supuso un intento de explicar el fenómeno de la industrialización y sus más inmediatas consecuencias: el gran capitalismo y las penurias de las clases trabajadoras.

La alta burguesía europea veía con preocupación cómo alrededor de las ciudades industriales iba surgiendo una masa de trabajadores. Necesitaba, por lo tanto, una doctrina que explicase este hecho como inevitable y, en consecuencia, sirviese para tranquilizar su propia inquietud. Tal doctrina fue desarrollada por dos pensadores: el escocés Adam Smith (1723-1790) y el británico Thomas Malthus (1766-1834).

Smith pensaba que todo el sistema económico debía basarse en la ley de la oferta y la demanda. Para que un país prosperase, los gobiernos debían abstenerse de intervenir en el funcionamiento de esa ley "natural": los precios y los salarios se regularían por sí solos, sin intervención alguna del Estado y ello, entendía Smith, no podía ser de otra manera, por cuanto si se dejaba una absoluta libertad económica, cada hombre, al actuar buscando su propio beneficio, provocaría el enriquecimiento de la sociedad en su conjunto, algo así como la tan meneada y falsa teoría del derrame.

Malthus partía del supuesto de que la población crecía mucho más rápido que la generación de riquezas y alimentos. Pensaba que la solución estaba en el control de la natalidad de los sectores populares y en dejarlos abandonados a su suerte para la naturaleza.

Tanto Malthus como Smith piden la inhibición de los gobernantes en cuestiones sociales y económicas. Sus consejos fueron muy escuchados y practicados por estos lares.

La trayectoria del autodenominado "liberalismo argentino" ha sido por demás sinuosa pero coherente. El credo liberal no les ha impedido a algunos formar parte de todos los gabinetes de los gobiernos de facto de la historia argentina. Han tolerado y en muchos casos justificado y usufructuado de la represión de la última dictadura militar para seguir haciendo negocios sin ser molestados.

Quizás ya sea hora de que relean al más notable liberal en serio que pisó el suelo argentino, José de San Martín, quien escribió en el Código de honor del Ejército de los Andes: "La patria no hace al soldado para que la deshonre con sus crímenes, ni le da armas para que cometa la bajeza de abusar de estas ventajas ofendiendo a los ciudadanos con cuyos sacrificios se sostiene. La tropa debe ser tanto más virtuosa y honesta, cuanto es creada para conservar el orden, afianzar el poder de las leyes y dar fuerza al gobierno para ejecutarlas y hacerse respetar de los malvados que serían más insolentes con el mal ejemplo de los militares. La Patria no es abrigadora de crímenes".

1. Juan Bautista Alberdi, "Escritos póstumos", Tomo X, Buenos Aires, Editorial Cruz, 1890.

12 respuestas:

Jorge Y. de la G. dijo...

¡Gracias Diego!

Un abrazo.

Diego F. dijo...

Faltaba más Jorge, gracias a vos por el aporte.
Abrazo

Fabiana Bump dijo...

¡Seamos virtuosos y honestos!
¡Devaluemos!
¡Hagamos bolsa la moneda!
¡Que los burócratas del Estado decidan por nosotros!
¡Luchemos 'contra' la pobreza!
¡Muera el 'imperialismo yankee'!
¡Aumentemos las retenciones!
¡La culpa es de la oligarquía vacuna!
¡Nacionalicemos la banca!
¡Vivan el Che, Cogote, Fidel, Evo y Chávez!
¡Combatiendo al capital!
¡Somos jóvenes idealistas!
¡Viva Duhalde y Alfonsín!
¡Cristina es 'el cambio'!

Me cansé.

PD.: te censuró María del Carmen, pero yo asumo toda la responsabilidad porque la amo.

Mjölner dijo...

Dónde te metiste, Diego!!!! te gusta esa contradicción indescifrable, no? Pillín...
Qué te censuraron? Contá, no te la guardes para vos solo...

Diego F. dijo...

Mjölner: En algún punto sí, tengo una especie de admiración por la firmeza y creatividad con la que la liberalada reivindica estas incoherencias (mirá el nivel "argumentativo" del comentario anterior por caso).

Lo de la censura.. ¿a vos te parece que los que se dicen "liberales" censuren comentarios sólo porque no les gusta lo que decís aunque lo digas respetuosamente? (y esto incluye -aunque no me refiería a él- al pancho de Benegas que es otro que encima de reivindicar además de los genocidas a GROSSO y las escuelas shopping, también censura los comentarios)

Yo creía que un "liberal" iba siempre a abogar por la libertad... pero bueno..
La cuestión es que no vale la pena ni linkear porque sería darle tráfico a blogs que censuran y que no admiten el disenso ni utilizan argumentos racionales para defender sus ideas.

Abrazo.

Mariano T. dijo...

No se que parte es tuya, y que parte es de Pigna.
Pedro lo primero que hay que diferenciar es los "librecambistas", de los liberales en materia política que abogaban por la libertad de expresión y del sufragio más o menos universal, o en su versión más moderada los "constitucionalistas" que pedían monarquías coonstitucionales.
En el siglo 19, pensar en limitar el Estado era limitar la acción de los poderosos, que eran sus dueños exclusivos. El "estado popular" no existía ni en las imaginaciones más fértiles, por lo tanto toda lucha por la no injerencia estatal era una lucha para crear condicones que cambien el statu quo de gobierno ABSOLUTO de los poderosos, con bendición de las autoridades religiosas.
A quién te creés que se refiere Echeverría cuando habla de los poderosos y de los oprimidos?
Sin duda no habla del desparramado y exiliado bando unitario, sinó a los intereses del saladero que estaban atrás de Rosas.
Por último, las rebeliones de 1848 en Europa fracasaron todas, y la conquista de derechos políticos (incluyendo el de sindicalizarse) fue una lucha de los liberales y masones durante medio siglo más por lo menos, y si somos estrictos podemso decir un siglo más, porque hubo gobiernos autócratas que solo desaparecieron con la segunda guerra.
Así que no estoy de acuerdo con la alegría pignista de juzgar el siglo 19 con las categorías del 21, ni de mezclar librecambio con liberalismo. Un garn pecado histórico es el anacronismo, del que abusa Felipito.

Mjölner dijo...

A ver si somos claros...la única atracción que puede tener el blog de nuestra querida Fabiana es la apariencia lésbico bizarra que sólo alimenta fantasías interáuticas...el nivel argumentativo no supera los eructos ideológicos de Aldo Rico ni las disertaciones filosóficas de Luis Barrionuevo.

Diego F. dijo...

Mariano: creo que el punto del artículo es que los que hoy se dicen liberales acá, no se refieren al liberalismo político, son lo que vos estás aclarando "librecambistas". Coincido en que no se puede evaluar desde la perspectiva del siglo XXI al siglo XIX. El tema es que entre ese siglo y este pasaron muchas cosas que los que hoy se dicen "liberales" (esos que sólo buscan librar la economía al mercado, incluso apoyando dictaduras si es necesario) omiten sistemáticamente en función de una justificación argumentativa.

Mjölner: los eructos ideológicos de Aldo Rico están re-in, de hecho ahora forman parte de la nueva política... ¿o no viste en las elecciones pasadas quién iba como candidato a presidente por su espacio? Más respeto pusilánime!

Abrazo.

Bismarck dijo...

A Diego, muy bueno el articulo, vengo siguiendo y veo que cada vez se pone mejor el blog.
A Fabiana ¿que son esos desplantes?¿tomaste la medicacion?
A Mjolner, ¿anduviste por el Asgard ultimamente?

Jorge Y. de la G. dijo...

Mariano, la nota de Pigna está linkeada en el título, "Curioso liberalismo autóctono". Aclaro que no soy fanático de Pigna ni mucho menos, pero la cita de Alberdi me parece valiosa porque refleja la visión desencantada que tuvo en sus últimos años (falleció en 1884) de cómo los "liberales" de esa época habían manejado el país.

Saludos.

Plinioster dijo...

Años diciendolo los politologos y gracias a un historiador lo entendieron. Asi estamos.
Muy buen Blog.
Slds

Diego F. dijo...

Otto: muchas gracias por el comentario.

Plinioster: sos demasiado optimista, todavía no lo entendieron (sino mirá 8 comentarios atrás del tuyo). Gracias por la crítica.

Saludos!

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