viernes, octubre 26, 2007

Las Zonceras argentinas



Últimamente me estuve topando con personajes que evidentemente compraron un paquete ideológico mcdonalizado que no requiere pensar demasiado ni conocimientos de historia, que incluso los lleva a decir cosas realmente increibles que no voy a repetir porque no me interesa que este post sea un ataque a ellos. Sin embargo mucho se ha escrito refutando estas ideas y elegí revivir a un grande producto de nuestras entrañas, Arturo Jauretche, y particularmente a su manual de zonceras argentinas que es fundamental para cualquiera que pretenda opinar de política en estas pampas. Para hoy elegí la zoncera 29, "la división internacional del trabajo", muy de moda en estos tiempos (probablemente porque todavía seguimos en la misma).

Zoncera N° 29
I) División Internacional del Trabajo.


En noviembre de 1959 A.C.I.E.L. envió un mensaje cablegráfico al entonces Ministro de Trabajo y Seguridad Social, Ingeniero Álvaro C. Alsogaray, que se encontraba en Alemania Federal, y lo felicitaba "por sus claros y firmes conceptos en pro de la economía libre en la Argentina". Al mismo tiempo le pedían que invitase a nuestro país al Ministro Erhard "a fin de fortalecer la opinión pública sobre las ventajas de la libre economía, teniendo en cuenta la experiencia alemana en la materia". (¿Veis cómo se prepara la zoncera?).

En la revista "Mayoría" del 23 de noviembre del mismo año publiqué el siguiente comentario a dicha información: "Se propone que Ludwig Erhard, el autor del Milagro alemán, se dé una vueltita por aquí y con tres pases magnéticos le enseñe a los incapaces nativos cómo se arreglan las cosas". "Supongo que estos señores de A.C.I.E.L. en sus negocios propios principian por estudiarlos y conocerlos ellos mismos, y que a ninguno se le ocurrirá contratar un técnico que entre la ida y la vuelta del avión, les enseñe lo que tienen que hacer para sacarlo adelante. Piénsese que los negocios del país son bastante más complicados y júzguese del caletre de estos caballeros. O de su mala fe. ¡Porque hay que ser completamente irresponsable para proponer para el país lo que se cuidarían muy bien de hacer en sus propios negocios!". "Pero vamos a suponer por un momento que Herr Erhard se hiciese un lugarcito, en su muy no disponible tiempo, y aceptase la invitación". "Y por vía de suposición vamos a conjeturar lo que nos diría". "El señor Erhard, que es un buen alemán, pensaría en las soluciones argentinas más convenientes a Alemania, y principiaría por preocuparse de que Alemania saliera sacando ventajas de sus consejos".
"El señor Erhard, como buen alemán, aconsejaría como aconsejó Sir Otto Nemeyer cuando lo contrataron, en la Década Infame, para crear el Banco Central. Sir Otto Niemeyer era inglés e hizo el banco para los ingleses, pues tanto en los ingleses como en los alemanes no se dan estos ejemplares de la fauna autóctona que creen constituir nuestra clase dirigente. ¡Allá el que es alemán es alemán, y el que es inglés es inglés! "Pero, siempre por vía de suposición, vamos a plantearnos la hipótesis de que el señor Erhard se desprendiese de su condición germánica, dándonos su consejo generoso".

Diría más o menos: "Yo no puedo exponerles más ideas generales, principios abstractos que están condicionados por la realidad de cada país en cada momento. Lo que yo he hecho en Alemania es una conciliación entre el pensamiento económico que profeso en general, y sus posibilidades de aplicación dentro de la realidad alemana de este momento. Porque no hay una realidad alemana abstracta, sino concreta y de cada circunstancia. Para reproducir aquí el milagro alemán, tendría que reproducir, junto con las condiciones adversas creadas por la destrucción de la guerra, las condiciones favorables que Alemania contenía para la política que ha realizado. Como no conozco este país, tendría que averiguar primero si ustedes tienen hierro y carbón en abundancia, por ejemplo sobre el río Paraná y en el trayecto de Buenos Aires a Rosario, como nosotros sobre el Rhin y el Mosela; en tal caso ya habría alguna analogía con la cuenca de Renania y el Sarre.

¿No tienen el hierro y el carbón así colocados? No, pues entonces ya varían bastante las condiciones". "Supongo que si me han llamado es porque cuentan como nosotros con una enorme masa de técnicos y obreros especializados, producida por un desarrollo industrial gigantesco y por la eficiencia de las universidades y los institutos técnicos, así como por la experiencia y el trabajo de un siglo.
¿Cómo? ¿Que recién hace quince o veinte años que empezó en este país la producción de técnicos y obreros especializados? Entonces la situación es bastante distinta. ¿Tienen ustedes un sistema de canales, de ríos, de caminos orientados según las necesidades del mercado interno principalmente, y subsidiariamente para la exportación? ¿La estructura comercial de los argentinos está hecha en función de su imperio —no importa que momentáneamente estén hundidos los barcos, que falten algunos puentes y se hayan derrumbado las 89 fábricas—? ¿Los industriales tienen una alta mentalidad industrial, el orgullo de sus creaciones y una tradición de empresa adecuada? ¿Cómo? ¿Me informan que por el contrario, los industriales en cuanto ganan plata se compran una estancia porque el industrial es tenido en menos socialmente que el ganadero?

Pues esto es al revés de allá, donde un industrial o un banquero miran a un ganadero despectivamente, como si fuera un junta bosta".
"La verdad es que honradamente nada les puedo aconsejar sin estudiar previamente este país que es completamente distinto al mío, por no decir inverso. Ustedes son exportadores de materias primas y no industriales, y como comerciantes son vendedores F.O.B. y no C.I.F. y necesitan que les financien las exportaciones en lugar de financiarlas. El caso de ustedes es el de Alemania si se hubiera aplicado el Plan Morgenthau. ¡Pero entonces no hubiéramos podido hacer el milagro!.

"Comprendo ahora que este es un país subdesarrollado, y ésta no es una cuestión de pigmentación de la piel. Está determinada precisamente por el carácter de país exportador de materias primas y vendedor F.O.B., cosa que determina, como se los ha enseñado reiteradamente el mismo Prebisch, que las relaciones del intercambio les sean desfavorables, y este hecho del subdesarrollo es fundamental para el estudio de una economía. Por la misma razón que un adulto puede beber whisky y un bebé leche, yo no les aconsejaría llenar los biberones con whisky, y menos con whisky importado, y también por eso de la relación de los términos del intercambio".

"Hay una cuestión determinada por la inteligencia política. Alemania también tuvo su época de biberón, que no es muy lejana, como que ocurría hace apenas un siglo. Desde el origen de los tiempos, Alemania tiene el carbón y el hierro bajo las verdes montañas y valles, y los ríos estratégicamente colocados para el transporte. También desde el origen de los tiempos los alemanes son alemanes y la alta cultura alemana es varias veces centenaria. Sin embargo, hasta hace cien años Alemania no era una potencia; era un país subdesarrollado que producía artesanías y artículos alimenticios y compraba productos industriales.

Como no era gran potencia, Alemania durante siglos fue el campo de batalla de otros. Españoles, franceses, suecos, disputaron sobre el suelo de Alemania sus predominios y Alemania dividida en pequeños y
pintorescos principados era el escenario sacrificado de las disputas ajenas". "Pero un día la inteligencia alemana despertó. Mucho le debemos al pensamiento de un economista llamado Friedrich List que teorizó en Alemania y también en Estados Unidos la necesidad de una economía nacional.

Él nos advirtió que el liberalismo de Adam Smith al propender la división internacional del trabajo y el libre cambio, lo que quería era aprovechar las momentáneas condiciones de superioridad que Inglaterra había logrado creando una industria y una marina, gracias a la Protección Aduanera y el Acta de Navegación. Y de él aprendimos que Adam Smith, el maestro del liberalismo, era un conquistador más peligroso que Napoleón. Fue cuando Alemania, conducida por el genio político de Bismarck, se unificó, construyó una economía nacional defendiéndose del libre cambio por la protección, subsidiando la producción industrial y la exportación, utilizando al Estado como promotor. En una palabra, organizando una política económica de país subdesarrollado que quiere pasar al frente. Gracias a esa política antiliberal Alemania pasó al frente y ha podido superar dos enormes derrotas en dos guerras y rehacerse de las dos". "Así se organizaron nuestros transportes, nuestra banca, nuestros directores, nuestros obreros, todo.

Sólo cuando pasamos al frente y dejamos de ser un país sólo exportador de materias primas, un país subdesarrollado, comenzamos a aplicar una política liberal, como la que aplicaba Gran Bretaña. Esta es la esencia de nuestra solución, a la que puede sumarse lo que las amenazas de Rusia ayudó, ahora, después de la última guerra. Esta obligó a los vencedores a ponernos el hombro como antemural de Europa, y el Plan Marshall sustituyó al Plan Morgenthau. Los que habían querido una Alemania pobre tuvieron necesidad de enriquecerla, porque aparecía un competidor mucho más peligroso, y todo esto unido a lo que dije antes, constituyen los puntos de partida de mi política neoliberal, que de todos modos no lo es tanto, como dicen por aquí".

"En una palabra el tipo de política económica que debe hacer un país es el que determinan sus condiciones, y el liberalismo es lo que conviene a aquellos países superdesarrollados que están en condiciones de competencia, para condenar a otros a mantenerse en el subdesarrollo”. Aquí podría intervenir algún nativo. Por ejemplo, el Dr. Arturo Frondizi. Y decir: "Precisamente eso es lo que yo he enseñado en un capítulo de un libro que tengo un tanto olvidado, llamado Petróleo y Política, cuando refiero que el general Grant concurrió a la conferencia librecambista de Manchester en 1897, después de dejar la Presidencia de los Estados Unidos e invitado a hacer uso de la palabra, dijo:

—Señores: durante siglos Inglaterra ha usado el proteccionismo, lo ha llevado hasta sus extremos y le ha dado resultados satisfactorios. No hay duda alguna que a ese sistema debe su actual poderío. Después de esos dos siglos Inglaterra ha creído conveniente adoptar el libre cambio por considerar que ya la protección no le puede dar nada. Pues bien, señores, el conocimiento de mi patria me
hace creer que dentro de doscientos años, cuando Norteamérica haya obtenido del régimen protector lo que éste puede darle adoptará libremente el libre cambio".

Aquí el Dr. Frondizi se retiraría llamado urgentemente de la Presidencia, para hablar con un embajador extranjero, del cambio de programa que hizo después que ganó las elecciones. Y aquí me permitiría hacer yo una baza, y le diría al Dr. Erhard: "Eso que usted dice, profesor, lo saben todos los argentinos que no se llaman a sí mismos economistas o financieros, pero que tienen sentido común. Esa es la suerte que tenemos y en razón de la cual el país se resiste a todos esos planteos importados, que sólo se aplican por la violencia, o por la descarada defraudación del programa con que se va a las elecciones. Y ya que el Dr. Frondizi antes de irse ha citado al General Grant yo voy a citar a otro general. Es el que dijo, ya terminada la Guerra del Paraguay, las siguientes palabras explicando de una manera definitiva por qué había hecho esa guerra que destruyó la primera tentativa sudamericana de un estado nacional:

—Cuando nuestros guerreros vuelvan de su larga y gloriosa campaña a recibir la merecida ovación que el pueblo les consagre, podrá el comercio ver inscriptas en sus banderas los grandes principios que los apóstoles del libre cambio han proclamado para mayor felicidad de los pueblos". Seguramente comentaría Erhard lo que sigue:

—"Supongo que ése sería un general inglés".
—"No. Era el General Mitre, que dicen que era argentino".
—"Bueno —diría entonces Erhard—, ¡si esos son los generales próceres ahora comprendo lo que son los no próceres, los economistas y los políticos, y por qué me llaman!". Y sobre todo A.C.I.E.L.

Podría argüirse con algún fundamento económico una especie de división internacional del trabajo en la cual cada país elaborase hasta sus últimos detalles las materias primas que produce a menor costo, pero esto significaría que nuestra Patagonia o Australia no exportasen lana sino tejidos —y preferentemente trajes—, que el petróleo de Kuwait saliese ya transformado hasta en los últimos adelantos de la química pesada, que Inglaterra y Estados Unidos construyeran máquinas y herramientas con su hierro y carbón o que el Oriente africano exportase el asbesto pero en chapas y que nuestros productos opoterápicos reemplazaran a la exportación de glándulas.

En una palabra, que cada uno industrializara sus propias materias primas y sólo ellas. Pero la libertad de comercio busca otra división internacional del trabajo. Algunos ejemplos nos servirán para comprobarlo y cuáles son sus efectos de someterse o no a la misma. Las estancias Leleque, de una compañía británica, producen un alto porcentaje de la lana del Chubut. Todos los años, después de la zafra, bajan a Puerto Madryn los camiones cargados con la lana de la esquila que allí se embarcan en dos o tres navíos de bandera británica.

El resultado es el siguiente: En el país quedan los salarios de los pocos peones que hacen falta para cuidar las majadas y los de los esquiladores. Además el flete correspondiente a los camiones que transportan a puerto. (Pero no todo éste, porque gran parte del mismo sale del país por concepto de combustible y amortización de los vehículos). Podría añadirse que quedan aquí las utilidades de los propietarios, pero los propietarios no son argentinos, ni viven en el Chubut, y por lo tanto se giran. Es posible que quede algo por impuestos.

Desde que la lana se embarca paga flete y seguro extranjero y la descarga en el puerto de destino; empieza enseguida a recibir valor agregado que era riqueza traducida en salarios, amortizaciones y en utilidad empresaria que a su vez crean poder de compra, es decir de consumo, que a su vez genera producción.
Primero viene la reclasificación, que pasa de 60 tipos. Aquí llega a 20, con una particularidad: que parece que las ovejas son pura barriga, pues la lana que sale del país es en su mayoría de barriga, según la clasificación para la aduana. Enseguida viene el lavado y el aprovechamiento de los subproductos. Después el hilado, la tintorería y luego el tejido.

En cada uno de estos procesos hay valor agregado, pero hay además valor agregado secundario porque la elaboración de la lana importa la fabricación de maquinarias para lavar, para hilar, para teñir, para tejer, etc., etc., y la de éstas, minas, acerías, usinas, etc., y desde luego otras fábricas. De esta manera la lana que dio trabajo en el país de su producción para unos pocos peones, e inversión para poco capital, multiplica por 1.000 el valor agregado, que queda en el exterior produciendo riqueza, nivel de vida y poder, porque de todo esto proviene el poder de las naciones.

Pero están además los efectos de arrastre. La multiplicación de las actividades, con la multiplicación de los ocupados, hace que paralelamente se establezcan almacenes, talleres de bicicletas, de automóviles, tiendas, abogados, boticarios, peluqueros, lustradores de zapatos, escuelas, paseos, campos de deportes, fábricas de caramelos, confiterías, talleres de repuestos, en una palabra, toda la diversificación productiva cuyo origen remoto está en la mano del peón que maneja la tijera de esquilar. Y todo este efecto de arrastre genera otras actividades de arrastre que a su vez vuelven a generar hasta el infinito.

Supongamos ahora que toda esa lana que se exportó, cumpliera el proceso que cumple en el exterior, en Esquel. ¡Se imaginan ustedes qué ciudad sería Esquel! Pues bien, un lavadero de lana se estableció en Esquel para iniciar el proceso y fue ahogado por la hostilidad nacida de la zoncera que conocemos por división internacional del trabajo. Veamos el ejemplo inverso.

En la otra punta del país, en Corrientes, hay una hilandería de algodón que ocupa 1.300 obreros y que en salarios representa alrededor de $400.000,00 mensuales, a lo que hay que agregar los otros costos sin que se compute el valor materia prima ya que éste también es válido para la exportación. Estos $400.000,00 mensuales de salarios los obreros no los meten en el colchón, y como los invierten, generan los efectos de arrastre que vimos más arriba como hipótesis en Esquel. Pero los almaceneros, bicicleteros, médicos, etc., que los reciben, tampoco los meten en las alcancías sino que los reinvierten multiplicando el efecto de arrastre. Si esa fábrica de Corrientes completara el circuito hasta llegar al tejido y la confección, ¿cuáles serían los efectos en la provincia? Pues sencillamente los mismos que producen en la metrópoli que lleva la materia prima.

Pero todo esto no necesita demostración. Ahora se oculta el absurdo de la división internacional del trabajo con la apariencia de otras fórmulas. La zoncera siguiente nos ilustrará sobre una.

17 respuestas:

Diego F. dijo...

Agrego un post del excelente blog homoeconomicus que publica ayer justamente hablando de lo absurdo del planteo liberal.

German L. dijo...

Muy bueno, es tremendo como sigue teniendo vigencia. Me imagino que este post lo pusiste por los liberales que entraron la otra vez a repetir sus zonceras. Fue un genio Jauretche, una lastimas que no lo hayan leido por lom enos este manual de zonceras algunas personas que tienen ideas tan arraigadas pero tan equivocadas.

Anónimo dijo...

Diego: no estoy de acuerdo cuando decis "un paquete ideológico mcdonalizado que no requiere pensar demasiado ni conocimientos de historia"
En realidad no es que no requiera conocimientos de historia sino que es un requisito indispensable no conocer ni la historia ni los argumentos en contra de estas teorías.

Peter Wiggins dijo...

Diegote:
¿Tenés un link para que pueda acceder al Manual de Zonceras en formato digital?...en su momento me leí la obra de Jauretche, pero tengo la extraña costumbre de devolver los libros que me prestan.
Desde ya, gracias.
Saludo cordial,

Diego F. dijo...

Peter: no tengo un link, pero si te interesa mandame un mail y te lo paso en pdf.

Saludos!

Jorge Y. de la G. dijo...

Diego, veo que seguís siendo miembro activo del Club de Fans de Don Arturo, jaja!! Un pequeño detalle: el economista alemán que aparece citado en el texto no es Litz sino Friedrich List. No creo que los muchachos de FIEL o el CEMA lo conozcan...:P

Un abrazo.

Diego F. dijo...

Jorge: absolútamente, cada tanto aparecen ciertos tipos que son imprescindibles, más en una época donde algunos siguen cayendo en las garras de las zonceras. Si el tipo se tomó el trabajo de exponerlas, lo mejor que podemos hacer es revivirlas (y si no, mirá el debate que se armó en "cositas sueltas X").

Abrazo!!

PD: Gracias por la corrección, se me chipoteó pero ahí lo corregí.

Julián dijo...

Excelente Libro el Manual de ZOnceras ARgentinas.

Te dejo este artículo excelente de Zaiat en Página, tal vez ya lo hayas leído, es del sábado pasado.

No una, dos revoluciones

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Por Alfredo Zaiat
Como una herida narcisista al ser nacional, el problema de los precios de los alimentos no es un problema exclusivo de Argentina. Entre la mediocridad discursiva del Gobierno para explicar la situación y el oportunismo vulgar de la oposición sobre la inflación, se está desarrollando un complejo y fascinante fenómeno a nivel mundial. En el sitio Investopedia se define el nuevo término de moda: la agflation, la combinación de agricultura e inflación. Consiste en un aumento en el precio de los alimentos que se produce como resultado de un incremento de la demanda de consumo humano y su uso como una alternativa en materia de recursos energéticos. En casi todos los países, la agflation está produciendo manifestaciones de protesta, como la registrada aquí con el boicot al tomate o la rebelión mexicana por el alza de la tortilla de maíz. La agencia de noticias AFP realizó un ilustrativo relevamiento en algunos mercados europeos, tomando como referencia información de organizaciones de consumidores. Por caso, en Alemania, el pan aumentó entre el 5 y el 10 por ciento y la manteca subió de 79 centavos a 1,19 euro en los últimos tres meses. En España, la leche trepó 11 por ciento, mientras que en Polonia el litro de leche descremada pasó de 0,40 a 0,60 euros. En Italia, las pastas, y en Francia, la tradicional baguette se dispararon generando jornadas de insurrección de los consumidores. En China, la tasa de inflación se elevó al 6,5 por ciento en agosto, el porcentaje más alto en once años, impulsado en gran parte por el alza de casi 50 por ciento en el precio de la carne de cerdo. En forma sencilla, la conclusión es que hay un grave problema no sólo en Argentina, puesto que lo que está en cuestión con la agflation es lo que se conoce como soberanía alimentaria: la accesibilidad de los alimentos, por precios, calidad y cantidad, para la mayor parte de la población.

Ante semejante desafío, en un contexto internacional desconcertante por la intensidad de las subas como así también por su extensión a todos los rincones del planeta, analistas y economistas deberían tomar un baño de humildad. Y admitir que se enfrentan con un acontecimiento desconocido que no se resuelve con las recetas tradicionales, ni con la del ajuste ortodoxo ni con la del ajuste “sensato” heterodoxo. En el actual escenario, resulta realmente difícil estimar un descenso del precio de los alimentos a partir de una suba de la tasa de interés y de una reducción del gasto público. O luego de implementar una estrategia para incrementar el superávit fiscal o una para crecer menos. Es interesante el debate sobre esos instrumentos de política monetaria y fiscal en una economía que avanza a extrema velocidad, e incluso el intercambio de ideas sobre la necesidad de realizar una política más firme en esos campos para hacer más sustentable la base macroeconómica. Pero se presentan inconsistentes esas propuestas como remedio a una inflación que reconoce otros orígenes a los tradicionales, no sólo en las subas en sí de los alimentos con las particularidades de cada mercado, sino en los motores que generan esos incrementos.

A lo largo de la historia de los últimos tres siglos se han producido revoluciones que alteraron el funcionamiento de la economía mundial. La primera industrial, con epicentro en Inglaterra, nació a partir de la utilización del motor impulsado a carbón o vapor de agua que permitió la producción en serie. La siguiente, también en Inglaterra y en Estados Unidos y Alemania, el petróleo, sus derivados y la electricidad abrieron las puertas a la segunda revolución industrial. Ahora, otra fuente de energía, el combustible obtenido a partir de materias primas destinadas históricamente a producir alimentos, ha comenzado a delinear un horizonte que todavía resulta un misterio.

El panorama es aún más complejo porque en forma simultánea se está desarrollando con marcada intensidad la revolución industrial tardía de China e India. Esos dos colosos del planeta han estado incorporando a ritmo acelerado millones de trabajadores al circuito productivo, base para su muy elevado crecimiento, pero que hay que alimentar para asegurar la reproducción de esa fuerza de trabajo.

Entonces, el mercado mundial de alimentos se enfrenta con dos fuerzas arrolladoras al mismo tiempo: una que quiere empezar a sustituir el petróleo cada vez más caro con maíz, girasol, soja y otros cereales, y otra que requiere imperiosamente de alimentos para su inmensa y creciente masa de trabajadores.

Una revolución mundial (la de los biocombustibles) ya es lo suficientemente perturbadora para la organización de la economía doméstica. Con dos, con la incorporación de dos economías gigantes al sistema de funcionamiento capitalista, significa un desafío de proporciones y desconocido en cuanto a qué herramientas utilizar para amortiguar los indudables efectos indeseados.

Frente a este inquietante escenario aparece la visión simplista del pensamiento patricio de que el país no puede perder esta oportunidad, como si el campo argentino pudiera alimentar a todo el mundo. También se presenta la solución voluntarista que dice que con el aumento de las inversiones se frenarán las presiones de la demanda doméstica porque se incrementará la oferta. Sin embargo, no es tan clara esa secuencia de que la inversión para incrementar la producción, por ejemplo, de carnes y granos, cuyos precios vienen determinados por el precio internacional, vaya a reducir la inflación. Con más producción, esos sectores preferirán vender más al exterior a los actuales precios elevados, salvo que intervenga el Estado para restringir esas exportaciones, pero que se presenta como una política que inicialmente desincentiva la inversión.

Esos impactos en el precio de los alimentos de esas dos revoluciones en la economía mundial se potencian en la doméstica por las deficiencias en la cadena de comercialización, que concentra gran parte de la renta en los eslabones más fuertes castigando al productor primario y al consumidor. Además, hubo una reducción de la oferta por otros factores, algunos por cuestiones temporarias como las lluvias y las heladas que afectaron la zona de frutas y hortalizas, y otros por razones estructurales, como el avance de la soja en campos destinados a otras producciones. Se registra también una menor oferta por el desarrollo de emprendimientos urbanos en áreas que antes estaban destinadas a chacras y pequeños emprendimientos, en el conurbano bonaerense. Y a la menor cantidad de quinteros de origen boliviano, que ante una diferencia cambiaria desventajosa y la persecución discriminatoria, abandonaron esa actividad también en esa zona de la provincia de Buenos Aires.

Todo esto se despliega en un contexto de incremento de la demanda por la mejora del ingreso medio de la población, de crecimiento de las exportaciones alentadas por los atractivos precios internacionales y por el elevado tipo de cambio.

Ante una situación tan compleja, el Gobierno apeló a casi todas las herramientas disponibles en el manual básico de intervención:

- Subsidios mediante un mecanismo de compensaciones en la cadena del trigo (harina-pan) y del maíz (ganado vacuno y porcino), entre los más importantes.

- Retenciones a las exportaciones para evitar que los altos precios internacionales se trasladen a los locales.

- Mecanismos para facilitar la importación, en el caso de la papa.

- Restricciones a las exportaciones de trigo y carne para asegurar el abastecimiento interno.

- Fijación de precios de referencia de venta al público en los principales cortes de carne y frutas y verduras.

- Acuerdos de precios con las cadenas de comercialización y principales productores de alimentos.

- Intervención en mercados concentradores, el de Hacienda y el Central.

- Boicot de compra, en el caso del tomate.

Esas medidas tuvieron resultados dispares en cuanto a su efectividad, en un contexto donde los países van buscando mecanismos para enfrentar las dos revoluciones a la vez. En Europa, el boicot es el más difundido, generando situaciones risueñas como la protesta de los alemanes por la suba de la cerveza, que aumentó 40 por ciento en este año debido a la duplicación del precio internacional de la cebada. En Rusia, Vladimir Putin, preocupado por la inflación, estudia aplicar retenciones de 30 por ciento a la cebada y de 10 por ciento al trigo, además de bajar aranceles de importación a los productos lácteos. Todos van explorando en un mundo que está caminando por un sendero peligroso como el de convivir con alimentos caros durante un prolongado período, como el que se estima.

En concreto: ¿por qué suben los alimentos? Por dos revoluciones. Ignorarlo y pretender atacar el alza de precios con el saber convencional que brinda la economía generará frustración y, en algunos casos, mayores costos para la sociedad. Vale tener en cuenta que no se trata de la inflación tradicional, sino de la agflation.

azaiat@pagina12.com.ar


Saludos

Diego F. dijo...

Sí, lo había leido pero te pido por favor la próxima que quieras poner una nota, poné el link así es más legible todo.

Saludos

Lic. Baleno dijo...

Intente conseguir el libro (que lei hace 4 millones de años mas o menos) y se encuentra agotadisimo.

Jorge Y. de la G. dijo...

Diego, no era un error tuyo, está así en el pdf, se le debe haber chispoteado a algún corrector porque en otros textos de Don Arturo está bien escrito.

De paso, para no sobrecargarlo a Diego también me lo pueden pedir a mí por mail (yo lo tengo en formato .lit, que se lee con Microsoft Reader).

Un abrazo.

Jorge Y. de la G. dijo...

De paso y viendo el post de Julián, alguna vez habrá que recordar esas palabras de Perón de hace casi 40 años, "Las guerras del Siglo XXI serán por los alimentos y el agua".

Otro abrazo.

Maestro ciruela dijo...

Gran aporte Diego, creo que con esto le cerraste la boca a la ola liberal que te invadio el blog. Si pasas por el blog de las personas que preferis no mencionar vas a ver que hasta disparaste un post de queja sobre jauretche donde a falta de argumentos lo defenestran ad hominem. Para mi que los supuestos liberales estos son mas una secta que un grupo politico. Solo pueden convencer a personas sin conocimientos de la historia como dijo un anonimo antes.

SALUDAZOS!

Diego F. dijo...

Lic Baleno: o me lo pide a mi o se lo pide al compañero Jorge que gustosos se lo hacemos llegar.

Jorge: "Las guerras del Siglo XXI serán por los alimentos y el agua". Sí, es cierto, el problema es que con nuestros dirigentes no hace falta pelear ni media guerra, los regalan hasta convencidos de que el amo tiene derecho a su propiedad.

Maestro: No se a quienes te referís, pero no quiero individualizar ni confrontar. De hecho posteé esto como para que vean que hay argumentos bastante consistentes en contra de aplicar las recetas liberales en un país en el estado del nuestro.

Abrazo!

Fabiana Bump dijo...

¿La ola liberal?

http://coscorrones.blogspot.com/2007/10/jauretche-y-dos-sobres.html

Buena Suerte dijo...

Es incontrastablemente cierto que los que "compraron un paquete ideológico mcdonalizado" les va muy mal.

Nada mejor para echar un poco de luz sobre un tema que llamar las cosas por su nombre. Muy bien.

Diego F. dijo...

Buena suerte: no se si les va bien o mal, eso depende de muchas cuestiones. Yo sólo digo que uno puede tener una tendencia a una ideología X y está perfecto. Pero si vamos al extremo del fundamentalismo (algo así como un tipo que se define de boca y por ser tan de boca supone que tiene que apoyar a Macri y perdonarle el pasivo de u$75 millones que dejó en el club) creo que la descripción se aplica. Algo así pasa con todos los fundamentalismos.

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