lunes, noviembre 20, 2006

El pasado no tan lejano.



Haciendo mi habitual recorrida por el cyberespacio, me encontré con una nota que me llamó la atención en un sitio de internet no muy amigo del gobierno. Chequeando la fuente llegué al artículo original que servirá de máquina del tiempo para ver que se decía por aquel entonces. Se los dejo para saquen sus propias conclusiones al respecto. Este artículo fue escrito para La Nación en 1998 por un importante funcionario actual.

¿De qué modelo hablamos?

Ningún país como la Argentina ha logrado sobreponerse a la "década perdida". La apertura económica, sumada al redimensionamiento del Estado y a la estabilidad monetaria, permitieron delinear un cuadro de situación infinitamente más ventajoso que el de aquellos años. El resultado se manifestó en un crecimiento sostenido del que nadie puede dudar. Sin embargo, por encima de los éxitos obtenidos en materia económica asoman problemas de trascendencia social que inducen a pensar y a diseñar herramientas que posibiliten la solución del conflicto.

Cada vez que esta disyuntiva se pone sobre la mesa de la discusión, de un modo casi maniqueo se denuncia que lo que se está planteando es abandonar el modelo económico. Por esa vía se diluye cualquier alternativa de revisar otros problemas pendientes de solución.

Pero habrá que admitir que el vértigo que ha caracterizado el cambio en la economía no tuvo un lógico correlato en otras áreas. El acierto que habitualmente atribuimos a las políticas implementadas en esa área no logramos corroborarlo en las desarrolladas en la salud pública, la asistencia social, la educación o la Justicia.

Al iniciarse los años ´90, el Estado podía ser representado como un obeso y lento gigante. Era el efecto irremediable del modelo intervencionista del Estado de bienestar inaugurado con la posguerra.

Las medidas económicas articuladas desde entonces buscaron hacerlo más eficaz para atender mejor las necesidades de la población. De esa manera, se lo puso en línea sin dictarse los correctivos necesarios que, además, lo tornaran ágil. A modo de ejemplo, se constituyó este Estado que, aunque rápido para desregular la economía, es lento para evitar monopolios o proteger consumidores y que, aunque promueve el crecimiento no tiene la misma velocidad para articular políticas sociales de contención.

El debate que debemos darnos gira pues en torno de cuál es el modelo de Estado que los argentinos nos debemos. No hace mucho tiempo, un documento del Banco Mundial presentaba cinco tareas fundamentales a las que calificaba como misiones centrales del Estado: establecimiento de un ordenamiento jurídico básico; mantenimiento de un entorno de políticas no distorsionantes; inversión en servicios sociales básicos e infraestructura; protección de grupos vulnerables, y defensa del medio ambiente.

En realidad, la Argentina exhibe orgullosa la avanzada implementación de la segunda de las tareas detalladas, aunque deberíamos admitir que en el nuevo contexto aún resta fijar más normas claras en favor de la competencia y controles más eficaces sobre los servicios para proteger a los consumidores. Las otras cuatro tareas están pendientes de implementación. Esta Argentina, en la que hasta hace dos semanas se esperaba que el máximo tribunal habilitara una reelección presidencial mediante una extraña interpretación constitucional, vive un "síndrome de ilegalidad" constante que evidencia cuánto queda por hacer en pos de un ordenamiento jurídico claro.

El mal gasto en la asistencia social y en la atención de la salud, sumado al eterno conflicto que muestra la educación pública, es una realidad que asoma ante nosotros cada vez que el litoral se inunda, que debemos reclamar la asistencia médica del Estado o que observamos el deterioro en la calidad educativa de las nuevas generaciones.

La simplificación que induce a pensar que el Estado cumple su objetivo en la sociedad moderna con sólo garantizar el crecimiento y la estabilidad económica es claramente peligrosa. Ha quedado demostrado que los mercados (que son hombres y mujeres) se intranquilizan cuando no acceden a la salud, a la educación o a la Justicia.

Hecha la transformación económica, hemos obtenido el clima mínimo imprescindible para poder pensar en una segunda reingeniería del Estado, que nos permita dibujar el marco en el que el crecimiento y la estabilidad que disfrutamos favorezcan el accionar ético y nos haga pensar en una Justicia más seria, en una mejor salud y en una educación que nos califique en la revolución tecnológica del mundo global que nos envuelve. De eso se trata la discusión del modelo, más allá de lo que los maniqueos de siempre prefieran contar.

Por Alberto Fernández*
Para La Nación


*El autor es vicepresidente ejecutivo del grupo Banco Provincia y ex superintendente de Seguros.

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Saludos
D.F.

9 respuestas:

HAL dijo...

No hay mucho que agregar.

Hard Core dijo...

Bartolo tenia una flauta y mi hermana una pandereta y alberto que era un garca se rasca... segui vos....!!! La nueva politica, si me da miedo...!!!

Jorge Y. de la G. dijo...

No es de extrañar Diego, estamos viviendo la era del reciclado.

Un abrazo.

G.F. dijo...

Es un producto de Duhalde y despues se pasó tirando mierda al cabezón... Que se puede decir de Alberto? Sls. Gonzalo.-

Sebastian dijo...

Vengo siguiendo el blog hace un tiempo, y tengo una pregunta para hacerte: ¿Es un blog oficialista o opositor? En serio, no lo entiendo.

Diego F. dijo...

Es raro lo que me produjo al leer el artículo. Por un lado uno sabe que en la política hay demasiado veletismo, pero que el jefe de gabinete de un gobierno de "centro izquierda" haya pensado así no tanto tiempo atrás, me hace dudar de la sinceridad de sus declaraciones. Digamos que si le pasara algo a K, ¿Para qué equipo jugarán Scioli, los Fernández, etc?

Sebastian: Qué pregunta la tuya. No se, te lo dejo a vos como tarea, no me gusta encasillarme. Si querés plantearlo en términos binarios, andá a vidabinaria.blogspot.com y preguntale al escriba si mide o no mide :P

Saludos.

Gabus dijo...

Diego, excelente el rescate, habría que ver si en algún archivo no constan también los discursos que Kirchner pronunciaba con ocasión de las visitas de Menem a su feudo, regados de elogios hacia el riojano. Caben al menos dos posibilidades, una optimista, la otra pesimista: la primera, tenemos gobernantes que han aprendido de la experiencia y no se amilanan ante la necesidad de reorganizar su pensamiento en torno a otros ejes, diversos de los elegidos antaño, incluso teniendo en cuenta que según el teorema Baglini a mayor proximidad con funciones ejecutivas de imortancia mayor probabilidad de derrapar hacia derecha; la segunda, me temo la más cierta, es que estamos ante unos pillos oportunistas con una capacidad actoral importante, y de momento algunos de los ingredientes del bluff que graciosa y astutamente componen nos caen simpáticos a muchos progres.

Julio dijo...

Gabus: El teorema de Baglini dice que cuanto mas se acerca un politico al poder, mas se modera, no habla de izquierdas ni derechas.

Anónimo dijo...

No se porque no sorprende que aparezcan este tipo de notas cuando se empieza a sentir la campaña electoral. Sebastian: este es un blog opositor, ¿no te das cuneta?

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