viernes, marzo 24, 2006

El golpe visto desde los medios.

Este post tiene como fin recordar lo que publicaron los diarios luego de la infame usurpación del estado por criminales uniformados.
Veamos que decián los paladines de la verdad en aquel entonces.

Clarín - 24-03-76La Nación - 24-03-76La Nación - 25-03-76Crónica - 29-03-76Gente - 25-03-76Clarín 25-03-76

La Nación, 25 de marzo de 1976

En la madrugada de ayer concluyó el desmoronamiento de un gobierno cuya única fortaleza consistía, en los últimos seis meses, en el empeño que para sostenerlo pusieron quienes no compartían sus propósitos. Nunca hubo en la Argentina un gobierno más sostenido por sus opositores. Tal paradoja se produjo porque las autoridades -ahora sustituidas- sólo vieron el botín de un vencedor electoral, la totalidad del país vio la posibilidad de una consolidación institucional. Ayer, también, se clausuró un proceso político que, como tal, se abrió en 1971, y no es menos evidente que se ha cerrado una época signada a lo largo de casi tres décadas por la presencia activa de Perón, primero, y después por los hechos y situaciones que tuvieron una relación de causalidad inmediata con la presidencia por él dejada vacante.

Este final inexorable había sido presentido por vastos sectores de la opinión pública. En las últimas semanas tal presentimiento era una convicción reafirmada a diario por síntomas de la más diversa naturaleza.

Hubo, ciertamente, insensibilidad y obsecación en quien asumió en 1974 la presidencia de la República, así como la hubo en el grupo que guió su pasos con desprecio del renunciamiento que en su momento pudo haber salvado el proceso hacia la unánimemente deseada consolidación institucional. Eran tan hondos los deseos de alcanzar ese objetivo, que la Nación entera pudo haber absorbido aquella carga negativa de la insensibilidad y la obsecación, si no fuera porque ella se acrecentó con un intolerable lastre de corrupción, despilfarro, incompetencia e inseguridad colectiva a través de un '"contraproceso institucional" que incluye a todo el gobierno peronista a partir de mayo de 1973.

Cada vez más, el gobierno justicialista se abandonó a sus propias obsesiones. La más absurda de éstas fue la conversión de la República en una suerte de monarquía en la cual la viuda de un caudillo pretendió que el poder fuese un bien casi computable en el juicio sucesorio. Esta ambición femenina, propia de la reyecía del siglo XVIII, fue alentada por un "pequeño grupo de amigos" puestos actuar como un núcleo empresario de las emociones populares atribuidas al eco del apellido convocante. Así sobrevinieron las reyertas intestinas entre la depositaria del nombre y los que pretendían ser beneficiarios de una nebulosa herencia política. Primero se fragmentó el Frente oficialista en el cual el peronismo apadrinó a aliados de poco vigor numérico. Luego se escindió el peronismo. Más tarde se produjo un cisma parlamentario que privó al gobierno de su mayoría en la Cámara joven, no obstante lo cual el Parlamento diluyó sus propias posibilidades creativas. En último término el sector gremial -única, franja donde subsistía un vestigio de organización- cayó en la ficción que desconectó a los dirigentes de la realidad popular. De tal modo, sólo quedó la fachada del edificio gubernamental. Es lo que acaba de caer. Nada de lo que rodeaba al gobierno conservó poder de convocatoria como para un cierto calor de pueblo.

Pero al sector gremial le cabe una gran responsabilidad. El fue el creador del principio de la "verticalidad" a ultranza. Suponía que a través de la verticalidad iba a deslizarse suavemente hasta las manos de los discutidos jefes sindicales la llave de las decisiones principales. Mientras especulaban con el "paso atrás" que aguardaban de la entonces titular del Poder Ejecutivo, se sucedían los cambios de ministerios, se destruía el aparato productivo de la República, la indisciplina social crecía como una maleza parásita y la crisis económica asumía caracteres catastróficos.

La crisis ha culminado. No hay sorpresa en la Nación ante la caída de un gobierno que estaba muerto mucho antes de su eliminación por vía de un cambio como el que se ha operado. En lugar de aquella sorpresa hay una enorme expectación. Todos sabemos que se necesitan planes sólidos para facilitar la rehabilitación material y moral de una comunidad herida por demasiados fracasos y dominada por un escepticismo contaminante. Precisamente por la magnitud de la tarea por emprender, la primera condición es que se afiance en las Fuerzas Armadas la cohesión con la cual han actuado hasta aquí. Hay un país que tiene valiosas reservas de confianza, pero también hay un terrorismo que acecha.


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LA PRENSA
Orden, seguridad, confianza

En dos horas, sin el asomo de una sola falla, al cabo de una operación impecable, precisa, sin estridencias vanas y sin disparar un solo tiro, las Fuerzas Armadas de la Constitución pusieron término al desempeño ilegítimo del gobierno instaurado el 25 de mayo de 1973. Lo hicieron para salvar -como dice la proclama dada a conocer en la madrugada del día 24- "un tremendo vacío de poder" y tras de "serenas meditaciones sobre las consecuencias irreparables que podría tener sobre el destino de la Nación una actitud distinta a la adoptada". El documento inicial de la revolución reviste el significado de una cabeza de proceso, no menos que el carácter de una exposición de los móviles fundamentales que lo inspiran, cuando puntualiza las "reiteradas y sucesivas contradicciones" del gobierno depuesto, la "falta de una estrategia global", la "carencia de soluciones", el "incremento permanente de todos los extremismos", la "ausencia total de ejemplos éticos y morales", la "manifiesta irresponsabilidad en el manejo de la economía", al "agotamiento del aparato productivo", la "especulación y la corrupción generalizadas".

Estas líneas de fuerza de la proclama revolucionaria constituyen la base de un "trascendental compromiso" para "terminar con el desgobierno, la corrupción y el flagelo subversivo", rechazar "la acción discordara de todos los extremismos", y "el efecto corruptor de cualquier demagogia", ciñendo su acción a "pautas determinadas" entre otras, "el orden, el trabajo" y la "observancia plena de los principios éticos y morales", al servicio de una finalidad manifiesta, esto es, "erradicar definitivamente los vicios que afectan al país", y "combatir la delincuencia subversiva, abierta o encubierta".

Por su carácter afirmativo, algunos enunciados principistas de la proclama parecen inspirarse en las promesas limonares de la Constitución, cuando en su preámbulo formula el propósito de "Constituir la unión Nacional"; "Afianzar la Justicia", "consolidar la paz interior", "proveer a la defensa común", "promover el bienestar general" y "asegurar los beneficios de la libertad". Esa identificación de lenguaje aparece corroborada por la unidad de pensamiento que se advierte en otros documentos de la Junta Militar, caracterizados por la mesura de sus términos, la claridad de sus conceptos, la brevedad de sus juicios, la ausencia. de toda altisonancia. Apreciándolos en su conjunto, se advierte que nada ha quedado librado a la inspiración del momento, por más alta o feliz que fuese. La improvisación, la mera frase, el párrafo sonoro, la vanilocuencia no han tenido cabida en estos documentos.

Hay además aceptación plena, dictada seguramente por una convicción profunda, de las mejores tradiciones cívicas e institucionales y del país, sin que una sola expresión o término proyecte la menor duda en contrario. No se han invocado dogmas, ni ideologías ni recorrido a difusos trascendentalismos. Solo la idea de patria aparece como el común denominador de una ciudadanía ávida de reparaciones salvadoras, como la suprema invocación, destinada a que todos concurran a la realización de una "tarea ardua y urgente", emprendida con el "absoluto convencimiento de que el ejemplo se predicará de arriba hacia abajo".

Ese documento, pues, por los males que condena, las ideas que consagra, los fines que proclama y los métodos que preconiza, está destinado a presidir y guiar una acción histórica de incalculables proyecciones. Es un documento programa, necesariamente global, insertado en la tradición viva de nuestras instituciones republicanas y democráticas. Necesitará ser desarrollado y ejecutado con vigor de pensamiento y energía de conducta, sin desmayos ni vacilaciones, ceñido en todos sus aspectos y detalles a los rumbos fundamentales que surgen del texto. La jerarquía y la competencia de sus futuros colaboradores podrán coronar equilibradamente esa calidad del poder que acaba de instaurarse.

La revolución del 24 de marzo no sólo ha puesto fin a una época de ignominia y a un régimen corrupto y corruptor, sino que ha abierto el cauce por el cual podrá ir derramándose un nuevo modo del comportamiento colectivo. Basta recorrer la ciudad, terciar en la conversación del grupo callejero, prestar oídos a la tertulia del café, de la sobremesa, anotar los comentarios en el ámbito del trabajo o de la familia, para percibir en todos una sensación de alivio, tan aflojamiento de la tensión psíquica un despertar de la pesadilla en que fue envolviendo todo, aun a los propios usufructuarios del régimen abatido; la prolongación de una situación de insostenible defensa. Simple, repetida, estremecida a veces, la queja era común: "¡Esto no puede seguir!".

Ahora se necesita orden, ese orden que sólo es fecundo cuando nace como una manifestación de la propia conducta y precede a los hechos. Ese orden, así concebido y puesto en práctica, hará bien al país después del desvarío desatado por el gobierno iniciado en mayo de 1973 y tras el frenesí verbal que asomó a los actos de la gestión oficial. Hay que restar espacio al fanatismo, a la adhesión servil, al rito adulatorio. Hay que elevar la condición del ciudadano y mejorar no sólo el nivel de vida sino también la dignidad de vida.

La revolución del 24 de marzo ha comenzado por prometer seguridad al que trabaja, estímulo al que produce, garantías a la existencia individual y colectiva. Se ha propuesto desterrar los miedos. La delincuencia y la subversión ya no habrán de deslizarse a través de las fisuras cómplices del mundo oficial.

Los primeros pasos, actos y palabras de la Junta Militar han generado confianza. No es poco. El comienzo es alentador. Su andar cauteloso y sin embargo firme, la mesura de su lenguaje, no exento de energía, la claridad de sus objetivos y el sereno vigor - la democracia no es un profeta desarmado- con que ha iniciado su marcha, abren un ancho pórtico de expectativas y anhelos que expresan el deseo profundo de un pueblo ansioso de vivir en paz, al amparo de la idoneidad y del derecho.

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La Opinión: Reflexión (Jacobo timerman)

Si los argentinos, como se advierte en todos los sectores - aun dentro del ex oficialismo-, agradecen aI Gobierno Militar el haber puesto fin a un vasto caos que anunciaba la disolución del país, no menos cierto es que también le agradecen la sobriedad con que actúan.

De una etapa de delirio, donde torpes y vanas figuras gritaban sus amenazas a voz en cuello, vivían en el desplante y Ia impunidad, o daban Iecciones de moralidad exhibiendo sus encendedores o sus corbatas, la Argentina se abrió en pocos minutos a una etapa de serenidad de la cosa pública.

Porque las nuevas autoridades demuestran un pudor, un recato tan beneficioso para ellos como para su relación con Ios gobernados. No han añadido títulos pomposos y huecos al nombre de su Gobierno, ni lemas rimbombantes a sus objetivos; no hacen rendir culto a su personalidad ni se halagan con la propaganda. Y no se prestarán a ser incluidos en esa especie de álbum familiar deI Poder que el semanario Gente ha dedicado a los altos funcionarios de todos los regímenes.

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Videla con Ernestina Herrera de Noble
Diario CLARIN
Año XXXI - Edición N° 10.803 / Jueves 1° de Abril de 1976
Editorial

Aunque resultara innecesario justificar las motivaciones de la acción militar del 24 de Marzo -porque nada fue más evidente que la incapacidad del anterior gobierno para modificar el rumbo que nos conducía a todos al desastre- ha sido oportuno que el país escuchara las explicaciones de su nuevo presidente. Ellas ratificaron el hecho conocido de que las Fuerzas Armadas no han interrumpido el proceso que se venía desarrollando, sino cuando tuvieron el convencimiento de que se hallaban agotados todos los recursos susceptibles de operar la indispensable rectificación.

No es éste, sin embargo, el aspecto de la alocución del teniente general Videla que interesa aquí analizar. Desde estas mismas columnas y en repetidas oportunidades nos hemos referido a las modalidades de la crisis que afecta a todos los sectores del país. Mucho más que la descripción del estado de cosas heredado importa pues destacar las orientaciones contenidas en el mensaje presidencial, destinadas a superar todas las circunstancias negativas de aquel gravoso legado.

El esfuerzo del nuevo gobierno estará centrado en operar la reorganización nacional. Uno de sus principales campos de acción será la reconstrucción del Estado, cuyo ordenamiento permitirá dotar al país "del instrumento capaz de impulsar una profunda tarea de transformación". En primer lugar, le tocará a él ejercer el monopolio de la fuerza y cumplir las funciones vinculadas con la seguridad interior. Demás está decir que esa fuerza será empleada sin vacilaciones en el combate frontal contra la delincuencia subversiva en cualquiera de sus manifestaciones.

Corresponde también al Estado, de acuerdo con la sobria y precisa exposición presidencial, fijar las normas que impulsarán y enriquecerán la cultura, que estará abierta al aporte de las grandes corrientes del pensamiento, pero mantendrá siempre fidelidad a nuestras tradiciones y a la concepción cristiana del mundo y del hombre.

La palabra oficial adquirió un notable valor definitorio al referirse al papel del Estado en el campo de la economía. "Durante muchos años -dijo el teniente general Videla- la pretendida defensa de la gestión estatal retuvo para el monopolio público grandes proyectos indispensables para el desarrollo nacional y el bienestar de la población que nunca se vieron realizados". Y al señalar los factores que frenaron el crecimiento -falencias en los sectores críticos de la economía y dependencia externa para el abastecimiento de materias primas indispensables- afirmó que en lo sucesivo la acción de gobierno perseguirá la solución pragmática de los grandes problemas económicos. Anunció de ese modo que, manteniendo el control del Estado sobre áreas vitales de la seguridad y el desarrollo, se brindará a la iniciativa privada y a los capitales nacionales y extranjeros para que participen con su máximo potencial y fuerza creativa en la explotación racional de los recursos".

Acertado diagnóstico y clara definición destinada a terminar con las mistificaciones de un nacionalismo declamativo y empeñado en utilizar los aspectos emotivos o formales de lo nacional para trabar las acciones que efectivamente fortalecen la soberanía. Un ejemplo claro de ello fueron las sucesivas "argentinizaciones" que dejaron al país -entre otras cosas- sin combustibles y sin teléfonos.
La palabra presidencial, sin buscar aplausos anticipados, ha fijado un rumbo apto para la solución de los problemas nacionales. Y como el mismo Presidente lo expresa, el acierto de las decisiones del gobierno será en definitiva el que suscitará la adhesión de la gran mayoría de los argentinos.-

Edición 1 de abril 1976. "...la gran familia argentina, nuestra nación, está herida y sangrando...; más de una familia está hundida en la amargura por alguien que se fue, por alguien que no supo vencer una pasión o por alguien que abandonó el hogar por la seducción de una aventura criminal, a veces".

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Esta foto salió en algunos diarios del 20 de mayo de 1976 ya que fue la única foto oficial repartida a los medios por la Secretaría de Prensa de la Presidencia debido a que no hubo presencia periodística durante el evento.
El 19 de mayo del ´76 fueron invitados a almorzar a la rosada, Jorge Luis Borges, Ernesto Sábato, Horacio Esteban Ratti (presidente de la Sociedad Argentina de Escritores) y Leonardo Castellani (sacerdote y escritor).

El jesuita Leonardo Castellani fue, de los tres escritores que compartieron almuerzo con el general Videla, el único que expresó interés por la situación de un escritor -Haroldo Conti, quien había sido secuestrado por una brigada del Batallón 601 de inteligencia del Ejército Argentino en la madrugada del 5 de mayo de 1976 - y reclamó por su aparición. Además, fue el único que no hizo declaraciones a la salida.
Jorge Luis Borges, ante el reclamo de los periodistas presentes, se limitó al siguiente comentario: "Le agradecí personalmente el golpe del 24 de marzo que salvó al país de la ignominia y le manifesté mi simpatía por haber enfrentado la responsabilidad del gobierno. Yo nunca he sabido gobernar mi vida, menos podría gobernar un país".

Al salir Sábato declaró a la prensa : "Es imposible sintetizar una conversación de dos horas en pocas palabras, pero puedo decir que con el presidente de la Nación hablamos de la cultura en general, de temas espirituales, culturales, históricos y vinculados con los medios masivos de comunicación. Hubo un altísimo grado de comprensión y de respeto mutuo, y en ningún momento la conversación descendió a la polémica literaria e ideológica y tampoco caímos en el pecado de caer en banalidades; cada uno de nosotros vertió sin vacilaciones su concepción personal de los temas abordados. Fue una larga travesía por la problemática cultural del país. Se habló de la transformación de la Argentina, partiendo de una necesaria renovación de su cultura." Al ser preguntado por videla, Sábato expresó "El general Videla me dio una excelente impresión. Se trata de un hombre culto, modesto e inteligente. Me impresionó la amplitud de criterio y la cultura del presidente".

En 1978, Sábato explicaría su posición en un articulo de la revista alemana Geo: "La inmensa mayoría de los argentinos rogaba casi por favor que las Fuerzas Armadas tomaran el poder. Todos nosotros deseábamos que se terminara ese vergonzoso gobierno de mafiosos. Desgraciadamente ocurrió que el desorden general, el crimen y el desastre económico eran tan grandes que los nuevos mandatarios no alcanzaban ya a superarlos con los medios de un estado de derecho. Porque entre tanto, los crímenes de la extrema izquierda eran
respondidos con salvajes atentados de represalia de la extrema derecha. Los extremistas de izquierda habían llevado acabo los mas infames secuestros y los crímenes monstruosos más repugnantes. Sin duda alguna, en los últimos meses muchas cosas han mejorado en nuestro país: las bandas terroristas han sido puestas en gran parte bajo control". (Del libro "La Voluntad" - Tomo 3- Pg. 72)

En ese mismo año, durante la realización del Mundial de Fútbol, la revista gente, junto con El Gráfico, se ocupó de mencionar reiteradamente una supuesta “campaña en contra de Argentina organizada por el terrorismo internacional”.

En abril de 1979 la revista dirigida periodísticamente por Samuel Chiche Gelblung decía en un editorial: “Con la misma energía y la misma claridad, defenderemos los principios republicanos, los de una economía realista, de una justicia independiente. Postulados que, por otro lado, son la piedra fundamental del Estatuto del Proceso de Reorganización Nacional”.
Un mes después, en un comentario sin firma, confirmaba que “el éxito de este Proceso se ve hoy en muchos órdenes de la vida nacional”.

Casi cinco años después del golpe, Para Ti continuaba alabando denodadamente a sus amigos militares: para festejar la llegada del año 1981, lo celebran con una página de agradecimiento a Videla, Martínez de Hoz y Viola, “por esa paz que todos soñamos y que gracias al esfuerzo de las Fuerzas Armadas hoy vivimos”. “Feliz Año Nuevo, general”, se titula la nota y reconoce que si bien “corrió mucha sangre y pagaron justos por pecadores”, se puede caminar “por la calle con seguridad”. En el colmo del elogio absurdo agradece también “por defender una política económica tan antipopular, una política que críticas mediante, sólo busca el progreso del país y no ganar votos. Como usted (gral. Videla) la defendió contra viento y marea y con convicción. Gracias otra vez.” (sacado de buenamemoria.8m.com)

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Lo dijo claramente Winston Churchill: "Los pueblos que no conocen su historia, están condenados a repetirla".
Probablemente este fragmento de la historia no esté en la superficie del inconciente colectivo, pero es sumamente importante recordarlo, ya que estos mismos diarios y revistas -que defendieron la usurpación armada del poder- son los que hoy nos influencian a la hora de tomar una postura sobre los temas de actualidad.
Habiendo visto esto, no sorprenden titulares como este, sabiendo de quien viene.

En fin, tratemos de no darle la razón y meditemos sobre nuestra historia, que, en definitiva, es lo único que nos enseña sobre nuestros propios errores. Si la tenemos presente, podremos equivocarnos, pero no repetir los errores -en este caso horrores- del pasado.


Saludos.

UPDATE 22-06: Encontré una nota muy interesante y rica en información sobre el tema, se las dejo. http://www.comisionporlamemoria.org/dossiers/8.pdf

8 respuestas:

ARTEMIO LÓPEZ dijo...

muy bueno el recordatorio, les agrego otro aca http://rambletamble.blogspot.com/2006/03/30-aos-la-moral-de-morales-cuando-un.html





gran blog
salu2
artemio

Anónimo dijo...

jacobo timmerman no fue despues torturado por la misma dictadura?

Anónimo dijo...

Si, lo fue.. irónico no?

Anónimo dijo...

Me tienen podrido estos blogs zurdos... por que no se dejan de joder????

Diego dijo...

No nos dejamos de joder porque las cosas siguen estando mal. El día que los salamines como vos desaparezcan, probablemente también desaparezcamos nosotros.

Saludos, y muy buena argumentación "anónimo".

Hard Core dijo...

A Videla tal cual queda claro para la epoca la pidieron todos los sectores civiles de la sociedad porteña. Por las acciones de la guerrilla urbana y la sensacion generalizada del desorden que generaba el gobierno de Isabel Peron. Aun habiendose ido el Brujo Lopez Rega. Eso se celebro, con cierto criterio, ahora, nadie vio el terrorismo de estado que se venia. Aunque la persecusion de la guerrilla era una cosa generalmente aceptada como valida, nadie se pregunto cual seria el metodo?. He ahi el error. Me agrada que se rescate la figura de Leonardo Castellani, Un jesuita Catolico Ortodoxo, suspendido a divinis, para dar misa, no solo escritor, sino poeta, ensayista y autor de Obras que hoy ni se leen, como el unico que le dijo a Videla por un desaparecido como Haroldo Conti. Porque me parece justo que la iglesia ha tenido hombre que pelearon por la verdad aun sean tildados de fachos como lo fue el cura Castellani.

Mika dijo...

Se me puso la piel de gallina. Que loco que no salga en todos lados estas editoriales...
Te mando un beso Diego.

Esteban dijo...

Es lo que habia.
Cuales eran las alternativas? Inmolarse como lo hizo Rodolfo Walsh, lanzar alguna revista de exiliados desde Mexico o Europa o escribir un diario en lengua extranjera de lectura marginal e insignificante.

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