jueves, septiembre 30, 2004

Victimas de un sistema judicial injusto

Mientras me encontraba cursando la materia Régimen del Proceso Penal, en la Facultad de Derecho, y el profesor estaba hablando de las garantías de la inviolabilidad de la defensa en juicio y el debido proceso, se me ocurrió el siguiente ejemplo:

Supongamos que el Sr. X tiene mucha, mucha plata. Tanta es la plata que tiene que con esa cantidad podrían vivir cómodamente toda su vida 80 familias indigentes.
Supongamos que el Sr. X tuvo un entredicho con el Sr. V por motivos comerciales y en un ataque de furia en pleno centro porteño le pega cinco tiros en la cabeza.
Supongamos que el Sr. X no quiere ir 25 años preso, porque prefiere disfrutar de su fortuna en libertad. Ahora, el Sr. X se enfrenta con el problema, de que, si bien tiene mucha plata, no tiene tanta como para pagar el precio que se necesitaría para comprar a los quince testigos que lo vieron y a los dos peritos que intervinieron.
Entonces decide contratar a un importante estudio de abogados (“Perez & Perez”), muy reconocidos y expertos en materia penal, que lo defiende con la siguiente estrategia:

Planean toda la defensa del Sr. X, hasta el último detalle y preparan todos los escritos y actos de su defensa. Pero con la particularidad de que en los distintos actos van sembrando errores, fallas, que un buen abogado no debería cometer. Pero no errores groseros, ya que eso podría llamar la atención. Sino errores sutiles, pero aunque sutiles, que perjudiquen la defensa de su cliente.
Pero además mantienen en secreto la defensa de su cliente y hacen firmar todos los escritos y participar en todos los actos a un abogado independiente, que no tenga ninguna relación con el estudio, abogado que vamos a llamarlo Dr. D.
El Sr. X, en razón de la contundencia de la prueba que lo incrimina(¿como contradecir a quince testigos y dos peritos?) y con un defensor que no lo ayuda demasiado, termina condenado a veinticinco años de prisión.
Sin embargo, luego de tres meses posteriores a la sentencia del juez, el Sr. X, se “entera” que su defensor cometió muchos errores y al investigar “descubre” que ni siquiera tenía título de abogado. El Dr D., en realidad, era el Sr. D, que se dedicaba a atender un comercio de lencería femenina y había cursado las tres cuartas partes de la carrera de Derecho.
Entonces, indignadísimo porque no se respetaron sus garantías constitucionales en el proceso penal, decide “contratar” a los abogados “Pérez & Pérez”, a quienes todo el mundo del derecho respeta y admira por ser expertos en su materia para que pidan la revisión del proceso.
Entonces Pérez, con una magistral defensa de su cliente, manifiesta que, al haber sido el Sr. X defendido durante el juicio por una persona que no era abogado y que encima cometió varios errores, se vio gravemente vulnerado en se derecho de defensa.

Resultados:

El Sr. V, MUERTO.
El Sr. X, un poquito empobrecido pero LIBRE.
El falso Dr. D, con mucha mala suerte, pasa dos añitos en la cárcel, pero se ha enriquecido. Puede dejar para siempre de vender lencería para empezar a viajar por el mundo.
“Perez & Perez” con un gran aumento en su fortuna y muy reconocidos por haber podido liberar a un asesino que tenía quince testigos y dos peritos en contra.

Con esto lo que quiero decir es que el Derecho tiene baches, peligrosos baches. Imagínense que si esta estrategia se me ocurrió a mí, un estudiante de derecho que ni siquiera está orientado en Derecho Penal ni nunca trabajo en esa rama, lo que pueden pergeñar las brillantes mentes de un estudio jurídico especializado en derecho penal, con abogados expertos en la materia que se dedican nueve horas por día a pensar estrategias para liberar a sus clientes, devenidos injustamente en delincuentes, en razón de un abusivo sistema judicial que no respeta sus derechos de defensa.
Quien tiene dinero y poder nunca puede ser un delincuente. A lo sumo víctima de un sistema judicial injusto.

Fede Joffe

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